Archive for the 'Cine postmoderno' Category

Alicia a través del espejo

Walt Disney sigue sacando oro de la mina de la fantasía, en este caso, junto al apoyo de Tim Burton como productor. Burton no ha dirigido la película y eso se nota: el aspecto visual es más pobre que en Alicia en el país de las maravillas (2010). También se ha disminuido la presencia de la obsesión de Burton por desarrollar esa imaginería suya que rebasa los límites de la inocencia para entrar en el terreno de lo siniestro. Con James Bobin al mando, la historia de Carroll se vuelve un divertimento infantil. Esta nueva entrada de Alicia en el mundo mágico se parece más a un viaje episódico lleno de paradas con pruebas, que ella supera satisfactoriamente que al encuentro de una joven con un mundo enigmático que ha vencido el principio de no contradicción. Por eso la pérdida literaria es evidente. Seguir leyendo ‘Alicia a través del espejo’

Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?

Al éxito de taquilla de esta comedia anclada en la actualidad como por predestinación, se suma el hecho de que en España se ha establecido una analogía de simpatía con la situación que plantea el filme. Y de hecho, nuestra academia del cine le ha concedido el Goya a la mejor película extranjera. En qué acierta y en qué podría haber sido mejor la película de Philippe de Chauveron. Seguir leyendo ‘Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?’

El nombre

Buscar el nombre para un recién nacido no es tarea fácil. Al menos, dar con el nombre adecuado. Conlleva cierta responsabilidad social y desde luego que personal también, como para parar mientes y reflexionar un poco. En cualquier caso, para los directores de esta gran comedia francesa que rescato hoy, Alexandre de La Patellière y Mathieu Delaporte, ha sido sin duda un pretexto brillante con el que acercarse a las relaciones familiares y amistosas de una clase media que, rara vez, habla en el cine actual. Seguir leyendo ‘El nombre’

Paddington

Recordarán la existencia de un osito de buenos modales llamado Paddington, que fue emblema de una infancia cargada de romanticismo inglés. La historia, escrita por Michael Bond, se publicó en 1958 y dio lugar también a una serie animada para la televisión, además de generar un rentable merchandising (entiéndase como mercadeo) en torno al osito amable. Pues bien, parece que ha llegado la hora de renovar el culto por lo inglés, que es en parte lo que destaca de Paddington, pero adaptado a los nuevos tiempos del cosmopolitismo. Y así, como efecto adaptación, a los guionistas, entre ellos Emma Thompson, se les ha ocurrido hacer que el osito proceda de la selva del Perú; busque en el Londres actual cumplir una promesa de hospitalidad; y rescate a los ingleses de un individualismo que no parece casar bien con su verdadera idiosincrasia, dice el filme. Seguir leyendo ‘Paddington’

Agosto. Condado de Osage

Esta historia recrea la obra homónima del dramaturgo americano, Tracy Letts, con la cual consiguió el Premio Pulitzer de Teatro en 2008. Parece que George Clooney se interesó en ella para producirla, quizá conocedor de su potencial implícito. Pues se trata de una historia femenina, de mujeres, escrita por un observador masculino, llamativamente sutil y valiente para mostrar nuestras inmundicias en estos tiempos de cobardes. Y aunque, en principio, el argumento se centra en la familia, en realidad, pone sobre el tapete la profunda esclavitud de la mujer postmoderna.

Para ello, se ha escogido a un elenco de actrices excelentes y a un grupo de actores varones, muy a la altura de las exigencias de su papel. Meryl Streep interpreta al personaje principal de esta comedia negra. Y en su característica presentación de una madre enferma de cáncer y neurótica, se nutre del temperamento de Julia Roberts en la posición de una de las tres hijas víctimas de una historia de nervios maternos proyectados -como en las tragedias griegas- en toda la saga familiar. Quizá sea éste el aspecto más interesante y cruel de todo el relato: el ver cómo una desgracia psicológica se perpetúa sin remedio en unos vástagos indefensos.

En medio de un ambiente deteriorado e incómodo ante el suicidio del pater familiae, nada más comenzar el filme, se van revelando los fracasos y las miserias familiares en las situaciones más cotidianas. El telón de fondo no sólo es el paisaje de Oklahoma, asfixiante, elocuente en su seductora inhospitalidad; sino más bien una asistenta de origen indio (“la nativa americana”) que contempla perpleja una ristra de dolores y sufrimientos a los que está ajena culturalmente hablando. Pues por fortuna ella sabe qué es y en qué radica el sentido de la dignidad de una mujer, por muy retrógrado que aparezca a los ojos de una supuesta mujer liberada de hoy, tratándose como se trata del respeto a sí misma y al vínculo; sabe cuál es la verdadera conquista y su relación con la tradición; sabe cuál es, en definitiva, el auténtico lugar de la mujer en el mundo. Y no se engaña.

La vida secreta de Walter Mitty

Ben Stiller ha demostrado tener dotes notables para dirigir (y no sólo protagonizar) una película con historia. Basada en un relato corto de James Thurber de 1939, la idea fue llevada a la pantalla por primera vez en 1947, por Norman Z. McLeod e interpretada por Danny Kaye. Se diría que del argumento original, tanto la primera versión como la de Stiller conservan el carácter del personaje: Mitty es un tipo de vida gris que se evade de su frustración vital a través de ensoñaciones. McLeod optó por convertir al soñador Mitty en un editor de revistas Pulp, quien ante la aparición de una mujer misteriosa acaba viviendo una verdadera aventura con los nazis.

El relato de Stiller da dos pasos muy interesantes en su remake: el primero es que sitúa a Walter Mitty en el contexto actual de la “transición” de la revista Life a la edición digital. Y el segundo es que son dos los personajes que rescatan a Mitty de su cautiverio mental: una compañera de la revista y el fotográfo más afamado de Life, su héroe Sean O’Connell. Que el contexto sea la transición al mundo digital de una revista como Life no es peccata minuta: la elección se convierte en un ejemplo claro de cómo las nuevas tecnologías han cambiado y cambiarán aún más nuestro mundo. En especial, las relaciones entre las personas. El Periodismo, siempre vivaz entre el romanticismo y la reivindicación social y política, es de momento un naufrago en las aguas de lo digital, lugar donde, sin ir más lejos, se devalúa la pieza auténtica de un negativo fotográfico. Mientras que lo analógico genera límites, lo digital es el reino de lo ilimitado. En la película, Mitty, como jefe de archivo de negativos fotográficos, es el encargado de tratar la fotografía de O’Connell que será portada en la última edición en papel de la revista. Pero el negativo ha desaparecido. Y eso pone en acción a Mitty, que viajará en busca de O’Conell para recuperarlo. En su viaje extraordinario a Groenlandia, Islandia y Afganistán, Mitty se inspira gracias al espíritu de su amada Sheryl, espontánea y ajena al falso mundo que se avecina. Y se encontrará con un auténtico artista: O’Conell.

Frente a lo ilusorio de una vida virtual (como la que el mismo Mitty tenía cuando soñaba despierto), se abre la puerta a la realidad vivida sin administrar, sin controlar. Real. O’Connell sabe que las cosas bellas raras veces se dejan ver y que por eso son especialmente bellas. Y esa consigna le hace estar más pendiente de la contemplación directa del mundo que de su cosificación, incluida la de las personas.

Gravity

 Qué mejor que el espacio para conseguir unas vistas perfectas de nuestra querida Tierra. Quizá las mejores. Desde la masa ingrávida que rodea a nuestro planeta, el filme de Alfonso Cuarón nos cuenta una historia de personas alejadas de nuestro mundo por distintas razones: la mera fascinación por las actividades espaciales propias del trabajo de astronauta combinada con la huida hacia adelante de una vida solitaria, dolorosa y sin aparente sentido. El relato empieza con una operación rutinaria de reparación de un telescopio espacial. Pero como no podía ser de otra manera, esa misión “regular” se ve truncada por la reacción en cadena que produce la destrucción de un misil ruso (cómo no) con un satélite. El caso es que un aluvión de piezas del satélite en órbita arremeten contra nuestros protagonistas ocasionando graves pérdidas en los equipos y la separación inmediata de los astronautas del centro de operaciones. A partir de ahí, se inicia una carrera de obstáculos en medio de una agonía creciente que se siente aún más como tal por el silencio ensordecedor del espacio y la falta de tierra firme donde asentarse. Entonces, la protagonista reza implorando a la Trascendencia que la cuide. Es el momento de Dios.

A las excelentes interpretaciones de Sandra Bullock y George Clooney, se suman la calidad fotográfica y, por fortuna, un guión bien sostenido en el tiempo y la tensión, pese a que las condiciones del espacio, irónicamente limitado, y la interacción con un escaso número de personajes hacen pensar de entrada en una película tendente al documental o marcada por la inverosimilitud. Sin embargo, quizá por el afán existencialista de cada milímetro del metraje por preguntarse acerca de nuestro origen, nuestro destino, nuestro para qué y quién sabe si por nuestro por qué, el filme consigue mantenernos alertas, y muy cercanos al drama de los protagonistas, que no se rinden ante las dificultades por muy duras que sean. Si bien, como es propio de una historia intimista y épica, el héroe consigue una nueva oportunidad en forma de un nuevo nacimiento que recuerda al origen mismo del hombre: caído de las estrellas en el agua de la vida.

 


El toque Lubitsch

Una bitácora para el pensamiento, en general y en concreto, y el análisis y crítica de la ficción cinematográfica y televisiva.