Archive for the 'Cine americano' Category

La conquista del Oeste (1962)

Retomo un viejo clásico del western norteamericano. El filme destacó por varias razones. En primer lugar, y descendiendo a lo técnico, la película se rodó en un sistema técnico novedoso llamado “cinerama”, que consiste en la grabación simultánea de la imagen por tres cámaras. Este medio trajo algunas dificultades tanto de dirección de actores como de edición, pues había que indicar a qué cámara de las tres mirar para poder registrar la acción (y en esto no se podía fallar), y por otro lado, hubo que fundir las cintas de las tres cámaras evitando a toda costa que se notaran la “líneas” divisorias. Se preguntarán que por qué tanto esfuerzo. Por conquistar también el magnífico espacio en el que se produjo la expansión de los pioneros desde la costa este de los Estados Unidos hasta California. El resultado es prodigioso: pues el ojo ve una perspectiva inusual de casi 180º, fenómeno que no se da en la visión natural humana. Seguir leyendo ‘La conquista del Oeste (1962)’

Infierno blanco

Se hace inevitable traer a la memoria la gran novela Colmillo blanco. Pero la hazaña épica, emocionante, en definitiva, de Jack London, empalidece ante la cruda narración de Joe Carnahan. Basada en el relato corto de Ian Mackenzie Jeffers –que es co-guionista del filme-, Ghost Walker, esta película cuenta una historia de supervivencia en la actual Alaska. Tras un accidente aéreo, un grupo de trabajadores de una empresa petrolera queda aislado en medio de la nieve, en condiciones extremas y sin apenas posibilidades de rescate. Entre los pasajeros que viven, viaja Ottway, un cazador de origen irlandés cuyo trabajo consiste en defender los alrededores de la industria, las vallas, que están en permanente amenaza por las jaurías de lobos blancos. Se trata de una especie muy agresiva, de mucha envergadura. Sin la protección de Ottway, los trabajadores podrían sufrir ataques constantes de los lobos en el desarrollo de la actividad. Tras el accidente, ya no hay vallas ni refugios, ni petrolera donde cobijarse: todos tendrán que defenderse sin descanso, sin comida y con la única esperanza de vivir. Y de ellos tendrán que defenderse tras el accidente. Será el hombre contra el lobo y el lobo contra el hombre. Seguir leyendo ‘Infierno blanco’

Agosto. Condado de Osage

Esta historia recrea la obra homónima del dramaturgo americano, Tracy Letts, con la cual consiguió el Premio Pulitzer de Teatro en 2008. Parece que George Clooney se interesó en ella para producirla, quizá conocedor de su potencial implícito. Pues se trata de una historia femenina, de mujeres, escrita por un observador masculino, llamativamente sutil y valiente para mostrar nuestras inmundicias en estos tiempos de cobardes. Y aunque, en principio, el argumento se centra en la familia, en realidad, pone sobre el tapete la profunda esclavitud de la mujer postmoderna.

Para ello, se ha escogido a un elenco de actrices excelentes y a un grupo de actores varones, muy a la altura de las exigencias de su papel. Meryl Streep interpreta al personaje principal de esta comedia negra. Y en su característica presentación de una madre enferma de cáncer y neurótica, se nutre del temperamento de Julia Roberts en la posición de una de las tres hijas víctimas de una historia de nervios maternos proyectados -como en las tragedias griegas- en toda la saga familiar. Quizá sea éste el aspecto más interesante y cruel de todo el relato: el ver cómo una desgracia psicológica se perpetúa sin remedio en unos vástagos indefensos.

En medio de un ambiente deteriorado e incómodo ante el suicidio del pater familiae, nada más comenzar el filme, se van revelando los fracasos y las miserias familiares en las situaciones más cotidianas. El telón de fondo no sólo es el paisaje de Oklahoma, asfixiante, elocuente en su seductora inhospitalidad; sino más bien una asistenta de origen indio (“la nativa americana”) que contempla perpleja una ristra de dolores y sufrimientos a los que está ajena culturalmente hablando. Pues por fortuna ella sabe qué es y en qué radica el sentido de la dignidad de una mujer, por muy retrógrado que aparezca a los ojos de una supuesta mujer liberada de hoy, tratándose como se trata del respeto a sí misma y al vínculo; sabe cuál es la verdadera conquista y su relación con la tradición; sabe cuál es, en definitiva, el auténtico lugar de la mujer en el mundo. Y no se engaña.

La vida secreta de Walter Mitty

Ben Stiller ha demostrado tener dotes notables para dirigir (y no sólo protagonizar) una película con historia. Basada en un relato corto de James Thurber de 1939, la idea fue llevada a la pantalla por primera vez en 1947, por Norman Z. McLeod e interpretada por Danny Kaye. Se diría que del argumento original, tanto la primera versión como la de Stiller conservan el carácter del personaje: Mitty es un tipo de vida gris que se evade de su frustración vital a través de ensoñaciones. McLeod optó por convertir al soñador Mitty en un editor de revistas Pulp, quien ante la aparición de una mujer misteriosa acaba viviendo una verdadera aventura con los nazis.

El relato de Stiller da dos pasos muy interesantes en su remake: el primero es que sitúa a Walter Mitty en el contexto actual de la “transición” de la revista Life a la edición digital. Y el segundo es que son dos los personajes que rescatan a Mitty de su cautiverio mental: una compañera de la revista y el fotográfo más afamado de Life, su héroe Sean O’Connell. Que el contexto sea la transición al mundo digital de una revista como Life no es peccata minuta: la elección se convierte en un ejemplo claro de cómo las nuevas tecnologías han cambiado y cambiarán aún más nuestro mundo. En especial, las relaciones entre las personas. El Periodismo, siempre vivaz entre el romanticismo y la reivindicación social y política, es de momento un naufrago en las aguas de lo digital, lugar donde, sin ir más lejos, se devalúa la pieza auténtica de un negativo fotográfico. Mientras que lo analógico genera límites, lo digital es el reino de lo ilimitado. En la película, Mitty, como jefe de archivo de negativos fotográficos, es el encargado de tratar la fotografía de O’Connell que será portada en la última edición en papel de la revista. Pero el negativo ha desaparecido. Y eso pone en acción a Mitty, que viajará en busca de O’Conell para recuperarlo. En su viaje extraordinario a Groenlandia, Islandia y Afganistán, Mitty se inspira gracias al espíritu de su amada Sheryl, espontánea y ajena al falso mundo que se avecina. Y se encontrará con un auténtico artista: O’Conell.

Frente a lo ilusorio de una vida virtual (como la que el mismo Mitty tenía cuando soñaba despierto), se abre la puerta a la realidad vivida sin administrar, sin controlar. Real. O’Connell sabe que las cosas bellas raras veces se dejan ver y que por eso son especialmente bellas. Y esa consigna le hace estar más pendiente de la contemplación directa del mundo que de su cosificación, incluida la de las personas.

The Iron Horse

Tras impartir un Seminario de cine clásico sobre cinco westerns emblemáticos del gran maestro del cine John Ford, hoy rescato El caballo de hierro, producción del año 1924. La razón que hace única esta historia y otras tantas de Ford es que, pese a tratarse de “películas del Oeste”, están focalizadas desde una mirada singular: la de un católico. Pudiera decirse que hablan de los efectos de la fe sin tratar de la fe como tema; sin la recurrencia –ora, ritual, ora, cultural- a los signos religiosos como prueba única de ese “religare” salvífico que, a veces, establecemos las personas con la Persona. Por ello, merece la pena considerar qué hay detrás de las apariencias de un relato épico sobre la construcción del ferrocarril, el símbolo de la llegada de la civilización y de la democracia en América.

El filme arranca con la pequeña historia –solía ser predilección de Ford narrar lo grande a través de lo pequeño- de un par de pioneros que deciden adentrarse en las tierras salvajes en busca de nuevas oportunidades. Frente al cálculo de los empresarios, estos pioneros se enfrentan a riesgos reales: la amenaza y el ataque de los indios. Después y sólo después de que los primeros aventureros transitan el desierto con sus desfiladeros, entonces llegan los empresarios, dispuestos a sacar rédito inmediato del nuevo status quo. Ésta es el argumento. En cambio, el relato se detiene con suma delicadeza en algunos aspectos que, en el tratamiento, manifiestan esa mirada genuina del cristiano: la de la compasión y la capacidad de admirarse ante la belleza. Los elementos de la contemplación son tan materiales como la llanura y tan inmateriales como la virtud. En el primer caso, la consideración fordiana del espacio es casi sacramental, pues aparece como una donación vivificante que despierta en los hombres su religiosidad y que llega incluso a permitirle ejercitarla en el balbuceo de una oración torpe. Pero en el segundo de los casos, Ford llega al culmen de esa contemplación desde el respeto profundo por la verdad de cada persona, al recrearse en la belleza de las relaciones humanas cuando nos tratamos bien. Y también, como es de esperar, al mostrar la verdad de la mentira, descubriéndola del velo del engaño. La opción está clara: fomentar lo bello y disfrutar de lo bello. No nos queda otra.

Un amigo para Frank

La superioridad poética de un filme gravita en torno a dos polos muy específicos: el guión y los actores. Más allá de estos dos elementos esenciales, el resto (producción, fotografía, banda sonora, dirección artística, efectos especiales) puede sumar y hacer que luzca más la historia. Pero nunca sustituir la necesidad de que se cuente una buena historia y la interpretación sea brillante. En estas dos exigencias irrenunciables, el primer largometraje de Jake Schreier ha superado las expectativas de una producción menor. Pues en principio y tratándose de una comedia suave, sólo cabe pasar un buen rato. Y nada más. Sin embargo, esta historia pequeña (trazada sobre un gran tema) adquiere vigor y fuerza conforme vemos que, tras la simpática proyección de un futuro cercano en el que convivimos con robots y otros utensilios androides, hay toda una inmensa reflexión sobre el papel de la memoria en el santuario de la identidad personal. Seguir leyendo ‘Un amigo para Frank’

Argo

 Ben Affleck dirige y protagoniza una película basada en hechos reales que se ha llevado el Óscar a la Mejor Película. Para ello, se ha basado sobre todo en el material proporcionado por el agente de la CIA Tony Méndez, auténtico adalid de un acontecimiento histórico grandioso para la Historia de los Estados Unidos. Cabe preguntarse cuáles han sido las razones de un éxito tan rotundo y quizá porqué la película funciona (también) aunque más discretamente, si se analiza con objetividad e independencia de los galardones, que han sido muchos. Seguir leyendo ‘Argo’


El toque Lubitsch

Una bitácora para el pensamiento, en general y en concreto, y el análisis y crítica de la ficción cinematográfica y televisiva.