La novia

Se trataba de la película revelación del año. En la ceremonia de los Goya se vaticinaba un éxito rotundo a la joven y prometedora directora Paula Ortiz. Pero, como suele suceder cuando se vende la piel del oso antes de cazarlo, el sueño se esfumó y quedó la realidad. En principio, La novia era la favorita por el número de nominaciones obtenidas: 12, entre ellas la de mejor película y el guión adaptado. Y es cierto que es una película que destaca por la realización, la dirección artística, la interpretación de Inma Cuesta y, en un sentido global, por una estética cuidada, deslumbrante y poderosa. En medio de la producción española ensombrecida por la sordidez y las historias deprimentes, La novia llama la atención notablemente. Sin embargo, no es la mejor película porque su guión (¡como siempre!) no es redondo.

La historia es una adaptación de Bodas de sangre de Federico García Lorca. El material es sensible en sí mismo: andalucismo a ultranza con la dificultad de interpretarlo casi un siglo después. El reto no era nada fácil. Para empezar porque se puede caer en tópicos acerca del dramatismo y del desgarramiento del alma andaluza; porque las razones del corazón de una tragedia hay que explicarlas y no darlas por supuestas (el espectador no debe estar inseguro ante la historia, sino seguirla y entenderla); porque hoy día, la infidelidad, la duda, la pureza y el matrimonio han perdido su significado y se eso se acaba notando en las carencias de la visión de la historia de La novia. El efecto es muy emocional pero no sabemos cuál fue el error, el defecto trágico que condujo a los personajes al sitio amargo en el que van a morir.

Por otra parte, en el apartado de los personajes y sus historias encontramos varios hallazgos. Por ejemplo, el alma en pena que deambula (muy bien interpretada por María Alfonsa Rosso) “como una visionaria terrible” entre las alcobas y estancias de la casa es un personaje inquietante y significativo para la historia. Desaprovechado en cierta medida porque no está bien hilvanado en el tejido general: es la clave pero a nadie le interesa. De nuevo, ha faltado valor para contar las cosas como son. Esa indecisión también la arrastran los dos caballeros del filme: el novio (Asier Etxeandía) y el amante (Álex García), que se mueven como marionetas sin sentido al son de una mujer titubeante. El resto del reparto interpreta bien su papel: el coro de las preocupaciones, del rencor y del recuerdo, situados en una época sin alma donde en las bodas por la Iglesia ya no hay foto con el capellán.

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