Archivo para 19 mayo 2015

Ida

Hablemos de la mejor película de habla no inglesa en la ceremonia de los Oscar 2015: la historia de una joven huérfana y novicia. Para el polaco Pawel Pawlikowski, parece que la religión y los compromisos que adoptan las personas no son en esencia el fruto de una mera circunstancia, ni de la determinación. El relato que narra la historia de Anna, esa novicia a punto de tomar los hábitos, explica muy bien qué tipo de impulsos y qué tipo de decisiones se encuentran detrás una entrega así. Quizá qué viaje interior hay que realizar para templar bien un compromiso con Dios.

Pawlikowski sitúa la acción en la Polonia de 1960. Por lo que Anna vive rodeada del deterioro moral y social que ha sufrido el país con la presencia del estado comunista. En el convento la vida que llevan las monjas es plácida, como ajena al resto del país. De una forma firme y como queriendo encontrar seriedad en el paso que va a dar Anna, su superiora le anima a visitar a su única familiar: una hermana de su madre, jueza solitaria y perfectamente institucionalizada en el comunismo, que acaba hablando a Anna sobre su origen judío y sobre el destino trágico de sus padres. Anna acoge su historia con serenidad. Y recorre los lugares de su infancia de la mano de su tía, esperando hallar algo más de sí. Paradójicamente, durante el viaje, lo que se despliega es el mundo dañado de su tía: un pozo de horror y tristeza que contrasta con la frescura con la que Anna enfoca la vida y con la promesa de novedad que siembra en cada instante. Por ejemplo, no teme a la posibilidad de probar las mieles del amor, antes de tomar los hábitos y hacerlo entonces (y sólo entonces) en conciencia. Para eso se cuenta la historia de un Amor: por si alguien quiere entender, en medio de la fascinación por las bondades del mundo material, que existen un Bien mayor.

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