Infierno blanco

Se hace inevitable traer a la memoria la gran novela Colmillo blanco. Pero la hazaña épica, emocionante, en definitiva, de Jack London, empalidece ante la cruda narración de Joe Carnahan. Basada en el relato corto de Ian Mackenzie Jeffers –que es co-guionista del filme-, Ghost Walker, esta película cuenta una historia de supervivencia en la actual Alaska. Tras un accidente aéreo, un grupo de trabajadores de una empresa petrolera queda aislado en medio de la nieve, en condiciones extremas y sin apenas posibilidades de rescate. Entre los pasajeros que viven, viaja Ottway, un cazador de origen irlandés cuyo trabajo consiste en defender los alrededores de la industria, las vallas, que están en permanente amenaza por las jaurías de lobos blancos. Se trata de una especie muy agresiva, de mucha envergadura. Sin la protección de Ottway, los trabajadores podrían sufrir ataques constantes de los lobos en el desarrollo de la actividad. Tras el accidente, ya no hay vallas ni refugios, ni petrolera donde cobijarse: todos tendrán que defenderse sin descanso, sin comida y con la única esperanza de vivir. Y de ellos tendrán que defenderse tras el accidente. Será el hombre contra el lobo y el lobo contra el hombre.

La ironía aparece como marco de comprensión de la historia. Ottway (interpretado por Liam Nesson) insiste desde el principio en huir de la guarida del lobo. Esta motivación tan simple actúa a la vez de trampa, pues lo que parece una huída acaba convirtiéndose en un acercamiento determinado. Y en ese sentido, la sensación de inmanencia y desconsuelo que sufren cada uno de los supervivientes se incrementa conforme empiezan a perderse vidas y en un mismo día se trata de “vivir y morir”. A esta situación extrema se suma que el lobo representa la ausencia absoluta de civilización: condena a esos hombres a nuestros orígenes atávicos. Y lo que resulta de sumo interés es ver como cada cual afronta su naturaleza y su cultura, que no es sino la forma humana de trascender.

Todavía quedan zonas absolutamente inhóspitas en este mundo. Geográficamente aisladas, como Alaska. Quizá por eso es también absolutamente bella.

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