Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?

Al éxito de taquilla de esta comedia anclada en la actualidad como por predestinación, se suma el hecho de que en España se ha establecido una analogía de simpatía con la situación que plantea el filme. Y de hecho, nuestra academia del cine le ha concedido el Goya a la mejor película extranjera. En qué acierta y en qué podría haber sido mejor la película de Philippe de Chauveron.

En primer lugar, y quizá conviene recordar que el cine suele tomar muy bien el pulso a la sociedad de manera natural, esta historia demuestra las dificultades de integración racial y cultural que tiene Francia y, por extensión, el resto de Europa. El acierto es haber considerado con humor los obstáculos que presentan las diversas procedencias de las personas en la convivencia cotidiana. También resulta brillante haber planteado que la tolerancia no puede ser sólo pública; que realmente cristaliza como “real” respeto cuando la integración pasa por formar parte de la familia. Ahí es cuando el reto se manifiesta en toda su plenitud: con aristas, con sacrificios, con diferencias y con afán de acoger. En segundo lugar, también resulta llamativo y acertado que el núcleo de la familia que apuesta por abrirse a las diferencias (los protagonistas) sea una familia cristiana católica y “gaullista”. Quizá de forma inconsciente, los guionistas del filme han entendido que el corazón de Francia sigue siendo profundamente cristiano aunque su mente y su rostro sean racionalistas.

Por otra parte, es una pena que los actores –aún estando muy bien escogidos en sus rasgos superficiales- hayan sido autoconscientes de la temática y, en especial, de que se movían en el género cómico. Conscientes de los gags, aumenta la exageración y parecen hacerse –perdón por la expresión- un poco los graciosos. Añadamos a este “no entender que la comedia consiste, en parte, en contar dramas disparatados” que al escoger a un musulmán que a penas practica, a un chino complaciente, a un judío lejos de David y a un católico “a su manera”, aunque resulten verosímiles por ser muy postmodernos, la causa del contraste con le matrimonio católico va a ser siempre muy superficial. Podían haber sacado más jugo al limón.

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