Archivos para 27 enero 2014

Futbolín

El director y guionista argentino Juan José Campanella, conocido por grandes éxitos como El hijo de la novia (2001) o El secreto de sus ojos (2009) se ha lanzado al cine de animación, con el riesgo que comporta respetar el código infantil. Quizá sea éste el único problema que presenta la historia: aceptar que el mundo de los niños está regido por una mirada inocente, incapaz de ver maldad donde la hubiere. Incapaz de entender insinuaciones o las rarezas más cotidianas.  La idea es original y contundente y los personajes, divertidos.

El fútbol y las pasiones que suscita se convierten en un telón de fondo perfecto para desarrollar una trama de rivalidad entre dos niños, que muy rápido dejan de serlo. Ahí quizá reside un primer error de código. Y es que la historia abandona el mundo de los niños muy pronto para asentarse en el de unos adolescentes creciditos con intereses y deseos adultos. Amadeo, un niño amante del fútbol, es un as del futbolín. Su constitución endeble y timidez lo recluyen al juego del bar, donde es capaz de proyectar sus habilidades manuales, al menos. En un duelo sin importancia con el chico más arrogante y presuntuoso del pueblo, logra vencerle. Esa derrota acompañará durante años al rencoroso de “el Crack”, que convertido en estrella del fútbol, pretende arrebatarle al amor de su vida (Laura) y derrotarle, esta vez, en un partido de verdad.

La historia de David contra Goliat, acompañado de un peculiar “club de los fracasados”, resulta estimulante, pero no se articula bien en el guión. Es en la opción por los desarrapados y en apariencia inútiles donde reside el auténtico éxito, querría decir la historia. Pero el espectador echa de menos, entre otras cosas, un argumento más trabajado, una mayor caracterización de estos personajes –por lo menos, para empatizar con ellos- y, puestos a reír, un humor más fresco en los componentes del equipo del futbolín.

El hobbit: La desolación de Smaug

Continuamos con la saga de El Hobbit. Peter Jackson ha estirado demasiado el chicle. Y probablemente acabe rompiéndolo en la tercera parte de la adaptación de la obra de J.J.R. Tolkien. En lo que respecta a la “desolación de Smaug”, la segunda estrenada, se trata de una película con un guión poco articulado, pobre de argumento, con lo cual se han potenciado más los aspectos visual y técnico de la historia. De este modo, tenemos una aventura de acción continua, en la que se abusa de persecuciones de orcos, con giros inverosímiles en el marco de una absoluta fantasía, así como el espectador acaba mareándose -por falta de perspectiva- en el encuentro inopinado con el dragón Smaug.

Además de poco emocionante (aunque entretenido), el relato ha perdido la magia del cuento de Tolkien. Quizá porque se relame demasiado en el efectismo de los personajes, los detalles menores y en jugar con la imaginación del espectador, sin ofrecerle la sustancia de la aventura. En este caso, centrada en la codicia por el oro, compartida por las criaturas de ese mundo, tan unida al señor del anillo y causa del primer afecto por el mal. La historia de amor entre la Elfa del Bosque Negro y el enano no aparece en la obra original; pero podría haber tenido su interés si hubieran potenciado más el aspecto poético de la historia; el carácter melancólico de unos elfos desnaturalizados y la posibilidad de aliarlos con los enanos. Sin embargo, se queda en un juego de miradas y nada más. Como el papel del mago Gandalf, tan elocuente siempre en su interpretación, pero insuficiente en el papel de aliado del Bien que se sorprende ante lo que ha de venir. Quizá ése es el gran problema: que El señor de los anillos ya sucedió en la pantalla. Por eso la prehistoria está contada sin demasiado interés por el significado de las consignas  del mundo tolkiniano. Habrá que dar una oportunidad a la tercera parte.

Frozen

Disney retoma la saga de cuentos de Hans Christian Andersen, esta vez para ofrecernos Frozen, una adaptación de La reina de las nieves. Como es lógico, el relato renovado está lleno de candor, espectáculo, acción y grandes expectativas de merchandising. Pero funciona muy bien y hasta tiene un gran interés para los niños y los adultos. El cuento narra la historia de dos princesitas en un país del Norte. La mayor se llama Elsa y la pequeña Ana. Un día, durante un juego nocturno, Elsa, que, desde siempre posee poderes para crear nieve, hiere a su hermana sin querer. A partir de entonces, sus padres deciden ocultarla del mundo y separarla de su querida Ana, aislándola como prevención del mal que arrastra su poder. 

“En ella no había tranquilidad ni descanso”. Con estas palabras define Andersen la inquietud que transmitían los bellos ojos de la reina de las nieves. Se trata de una imagen que define muy bien el conflicto propio de Elsa, la hermana mayor y co-protagonista de Frozen, quizá el personaje más interesante aunque menos trabajado de la película. Pues en su orientación por un público infantil alegre y despreocupado como el actual, abundar en un drama como el de Elsa habría ensombrecido aún más la historia. Disney se apoya en su hermana, Ana, aguerrida, extrovertida y generosa y en personajes de coro como Christoff, el joven pica hielos; Sven, el reno antropomórfico y Olaf, un muñeco de nieve cargado de humor.

 A lo largo de la acción, Frozen intenta dar un origen al hermoso mal de la nieve, que todo lo enfría. Y para ello escoge, cómo no, la metáfora del corazón de hielo. A la metáfora se asocian la soledad, el malestar, el temor, la ira y la pena y por ello, Elsa necesita curarse claramente y aprender a manejar su poder que se debate entre “ser libre” y soltar siempre sus deseos sin mirar más allá de ellos o amar. Esto último también tiene que aprenderlo.

La vida secreta de Walter Mitty

Ben Stiller ha demostrado tener dotes notables para dirigir (y no sólo protagonizar) una película con historia. Basada en un relato corto de James Thurber de 1939, la idea fue llevada a la pantalla por primera vez en 1947, por Norman Z. McLeod e interpretada por Danny Kaye. Se diría que del argumento original, tanto la primera versión como la de Stiller conservan el carácter del personaje: Mitty es un tipo de vida gris que se evade de su frustración vital a través de ensoñaciones. McLeod optó por convertir al soñador Mitty en un editor de revistas Pulp, quien ante la aparición de una mujer misteriosa acaba viviendo una verdadera aventura con los nazis.

El relato de Stiller da dos pasos muy interesantes en su remake: el primero es que sitúa a Walter Mitty en el contexto actual de la “transición” de la revista Life a la edición digital. Y el segundo es que son dos los personajes que rescatan a Mitty de su cautiverio mental: una compañera de la revista y el fotográfo más afamado de Life, su héroe Sean O’Connell. Que el contexto sea la transición al mundo digital de una revista como Life no es peccata minuta: la elección se convierte en un ejemplo claro de cómo las nuevas tecnologías han cambiado y cambiarán aún más nuestro mundo. En especial, las relaciones entre las personas. El Periodismo, siempre vivaz entre el romanticismo y la reivindicación social y política, es de momento un naufrago en las aguas de lo digital, lugar donde, sin ir más lejos, se devalúa la pieza auténtica de un negativo fotográfico. Mientras que lo analógico genera límites, lo digital es el reino de lo ilimitado. En la película, Mitty, como jefe de archivo de negativos fotográficos, es el encargado de tratar la fotografía de O’Connell que será portada en la última edición en papel de la revista. Pero el negativo ha desaparecido. Y eso pone en acción a Mitty, que viajará en busca de O’Conell para recuperarlo. En su viaje extraordinario a Groenlandia, Islandia y Afganistán, Mitty se inspira gracias al espíritu de su amada Sheryl, espontánea y ajena al falso mundo que se avecina. Y se encontrará con un auténtico artista: O’Conell.

Frente a lo ilusorio de una vida virtual (como la que el mismo Mitty tenía cuando soñaba despierto), se abre la puerta a la realidad vivida sin administrar, sin controlar. Real. O’Connell sabe que las cosas bellas raras veces se dejan ver y que por eso son especialmente bellas. Y esa consigna le hace estar más pendiente de la contemplación directa del mundo que de su cosificación, incluida la de las personas.

Una esvástica sobre el Bidasoa

El mundo del documental vuelve a sorprendernos, esta vez, con un hallazgo importante. Se trata de la ópera prima de Alfonso Andrés y Javier Barajas, quienes hacen una reconstrucción histórica sobre una pieza fílmica de la II Guerra Mundial, inédita hasta ahora. Este relato poliédrico no sólo resulta relevante para la Historia sino que aporta nuevos elementos de interpretación sobre el papel del cine en la consolidación de los totalitarismos, entre otras cosas. Todo empezó con el encuentro inesperado con una cinta desconocida acerca de la “tierra de los vascos”, conservada en perfectas condiciones como otras tantas en el Bundesarchiv-Filmarchiv de Berlin.

La película en cuestión se llama Im Lande der Basken y fue dirigida por Herbert Brieger en 1944. Según Santiago de Pablo y Teresa Sandoval, Im Lande der Basken “es un intento de plasmar en imágenes una visión mítica del pueblo vasco” y “no puede separarse de los frustrados intentos nazis, durante la II Guerra Mundial, de acercarse al nacionalismo vasco para construir un nuevo orden territorial en Europa occidental según principios étnicos”. Y es que tal y como se plantea en el documental, Brieger fue un cineasta nazi prolijo en la filmación de películas culturales, costumbristas, cuyos objetos encajaban con cierta naturalidad en los conceptos de la propaganda del III Reich. Así Una esvástica sobre el Bidasoa se interroga acerca del contexto que hizo posible tal interés específico sobre el pueblo vasco en medio de una situación crítica para la política de la España franquista y la política internacional, en general. Para conseguir este enfoque tan delicado, además de las visiones proporcionadas por algunos protagonistas del momento, el documental ha contado con el asesoramiento privilegiado de tres historiadores cuyos conocimientos resultan complementarios a todas luces: Teresa Sandoval, experta en Historia del documental alemán y quien encontró la película de Brieger en Berlín, Santiago de Pablo, experto en Historia del cine vasco y Ludger Mees, experto en nacionalismo vasco. Una esvástica sobre el Bidasoa intenta también explicar la contradicción terrorifíca de poetas del cine, como Brieger, que, pusieron el poder del cine (y su propio talento) en malas manos.


El toque Lubitsch

Una bitácora para el pensamiento, en general y en concreto, y el análisis y crítica de la ficción cinematográfica y televisiva.