Kon-Tiki

En esta ficción se rememora la gran expedición marítima acometida por el etnógrafo y explorador noruego Thor Heyerdahl, en 1947. Con el fin de demostrar la hipótesis -fraguada durante años de convivencia en islas de la Polinesia- que pudieron ser habitantes de sudamérica los pobladores de la Polinesia y no gentes venidas de Asia, Heyerdahl y cinco exploradores más se lanzaron a una aventura increíble que consistió en construir una balsa de madera con los medios más cercanos a los de la época pre-colombina y navegar desde Perú hasta la Polinesia recorriendo 8.000 kilómetros. Sólo contaban con un radiotransmisor que funcionaba muy ocasionalmente y con el cual pretendían informar de su posición al resto del mundo. Además disponían de pocos víveres, pues, en esencia, se alimentaban de lo que les proporcionaba el mar.

El filme se recrea en lo terrible del espectáculo del océano, con sus maravillas y peligros, como ya se contemplaran en La vida de Pi (Lee, 2012). La particularidad, en este caso, está en que la película de Joaquim Rønning parte de dos documentos bastantes anteriores a los del filme de Ang Lee: un documental histórico y el libro de Heyerdahl. En primer lugar, el documental pone base al ambiente, las peripecias y la autenticidad de los acontecimientos contados en el relato. Por el documental, Heyerdahl recibió un Óscar de la Academia en 1951. Y en segundo lugar, las memorias de Heyerdahl, con sus propuestas, intenciones y afanes, ofrecen una perspectiva existencial de la expedición, sólo comprensible a los ojos de una mentalidad soñadora. A través de un argumento bien llevado y un guión correcto, con ritmo y emoción se rescata una expedición de vital importancia realizada en pleno siglo XX. Pues, en realidad, lo que se pone manifiesto es la necesidad congénita del hombre por la aventura. Esta necesidad es la que, sin satisfacer, ahoga a muchos en el vaso de una vida sistematizada. Por encima de la mera intensidad, tan ansiada para sentirnos vivos, encarar los riesgos de una empresa y superar obstáculos que nos ponen en la tesitura de poder perder la vida dan a esta última mucho sentido. El filme pone de manifiesto la tenacidad, la fe y el valor -rayano en la locura- de los seis expedicionarios, en especial, de Heyerdahl, quien tuvo la idea feliz. El éxito de la expedición es un éxito más para animarnos a emprender. Con riesgos, claro.

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Una bitácora para el pensamiento, en general y en concreto, y el análisis y crítica de la ficción cinematográfica y televisiva.

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