Archivo para 14 octubre 2013

Gravity

 Qué mejor que el espacio para conseguir unas vistas perfectas de nuestra querida Tierra. Quizá las mejores. Desde la masa ingrávida que rodea a nuestro planeta, el filme de Alfonso Cuarón nos cuenta una historia de personas alejadas de nuestro mundo por distintas razones: la mera fascinación por las actividades espaciales propias del trabajo de astronauta combinada con la huida hacia adelante de una vida solitaria, dolorosa y sin aparente sentido. El relato empieza con una operación rutinaria de reparación de un telescopio espacial. Pero como no podía ser de otra manera, esa misión “regular” se ve truncada por la reacción en cadena que produce la destrucción de un misil ruso (cómo no) con un satélite. El caso es que un aluvión de piezas del satélite en órbita arremeten contra nuestros protagonistas ocasionando graves pérdidas en los equipos y la separación inmediata de los astronautas del centro de operaciones. A partir de ahí, se inicia una carrera de obstáculos en medio de una agonía creciente que se siente aún más como tal por el silencio ensordecedor del espacio y la falta de tierra firme donde asentarse. Entonces, la protagonista reza implorando a la Trascendencia que la cuide. Es el momento de Dios.

A las excelentes interpretaciones de Sandra Bullock y George Clooney, se suman la calidad fotográfica y, por fortuna, un guión bien sostenido en el tiempo y la tensión, pese a que las condiciones del espacio, irónicamente limitado, y la interacción con un escaso número de personajes hacen pensar de entrada en una película tendente al documental o marcada por la inverosimilitud. Sin embargo, quizá por el afán existencialista de cada milímetro del metraje por preguntarse acerca de nuestro origen, nuestro destino, nuestro para qué y quién sabe si por nuestro por qué, el filme consigue mantenernos alertas, y muy cercanos al drama de los protagonistas, que no se rinden ante las dificultades por muy duras que sean. Si bien, como es propio de una historia intimista y épica, el héroe consigue una nueva oportunidad en forma de un nuevo nacimiento que recuerda al origen mismo del hombre: caído de las estrellas en el agua de la vida.

 

Anuncios

Jobs

Steven Paul Jobs, principal fundador de la empresa Apple Inc., ha llegado pronto a la gran pantalla tras su fallecimiento en 2011. La biografía fílmica (biopic) con la que se le homenajea, no obstante, presenta algunas luces y también algunas sombras interesantes que hacen pensar seriamente en la credibilidad de esta nueva “leyenda americana” de la actualidad. Para ello, el filme dirigido por Joshua Michael Stern conjuga muy bien, por un lado, la relación entre un relato claro, comprensible y explícito, sobre el nacimiento y crecimiento de Jobs como empresario y, por el otro, el tratamiento de la imagen, la producción y la puesta en escena, muy condicionados por una visión retro nostálgica, aderezada con el aporte vitamínico propio del estilo indi, con el cual se sofistica bastante la visión histórica. En ese sentido, esta decisión de estilo es algo más que un guiño vanguardista. Pues sustenta gran parte de la fascinación generada en torno al fenómeno “Jobs” que ha creado a este nuevo paradigma social y por tanto, moral.

La interpretación de Ashton Kutcher -al que conocerán por su reciente incorporación a la popular sitcom norteamericana Dos hombres y medio (2003-)- acierta en el tono de ídolo cerebral que se sabe a sí mismo como tal y que destila el perfil biográfico del auténtico Jobs. Inspirada en hechos reales, la historia no ha tenido remilgos en mostrar la contrapartida de un ascenso irrefrenable como el de Jobs en el negocio de la alta tecnología informática. Quizá, en el plano más popular y mediático, este nuevo héroe represente a la perfección los signos más visibles de nuestro tiempo, aunando, en primer lugar, la capacidad “ilimitada” para innovar, en la que el Jobs real fue ejemplar, y, en segundo lugar, la inteligencia y el vigor necesarios para cambiar el mundo, haciendo una verdadera revolución. También en los negocios. Y es aquí donde la película resulta excelente: a la vez que vemos la carrera de ambición y locura creativa en la que se embarca Jobs, experimentando con él la sutil emoción de una autosatisfacción inventada, contemplamos con dolor cómo se deteriora moralmente la persona. El “visionario”, el “rebelde”, el triunfador a todas luces, acaba conquistando también el paraíso de la soledad más absoluta después de asumir como “naturales” constantes desprecios, primero a los que considera poco competentes, según sus estándares de calidad profesional y luego, a sus amigos, a los que simplemente deja de tratar. A estos últimos, a los que también debe gran parte de su éxito, los usa, engaña, arrincona y echa de sus vidas con una total autocomplacencia y narcisismo: creyendo que sólo él importa. Por eso, se aprecia como un acierto dramático el reproche compasivo de uno de sus mejores amigos, el ingeniero polaco Steve Wozniak, al dejar Apple, cuando le dice: “Ya no te importan las personas, sólo el producto. En realidad, sólo te importas tú”. El amigo ha dejado de reconocerlo.

 


El toque Lubitsch

Una bitácora para el pensamiento, en general y en concreto, y el análisis y crítica de la ficción cinematográfica y televisiva.