Blancanieves

Se trata de una adaptación ambiciosa y no menos curiosa del cuento de hadas clásico, eso sí con la peculiaridad de llevarlo a un entorno puramente cañí. Pablo Berger traslada y da vigor a los conflictos planteados en la terrible historia de Blancanieves al contexto de la folclórica Sevilla de comienzos de siglo XX, en el ambiente del toreo. Blancanieves es la hija huérfana de un torero y una cantaora y bailaora flamenca. Tras fallecer su madre mientras la traía al mundo, el padre se casa de nuevo con una mujer fría y veleidosa y la niña, apartada de él por la madrastra, es criada por su abuela. Quiere el destino que la niña acabe de sirvienta en el Cortijo de su padre. Y ahí sufre las crueldades pergeñadas por la madrastra que acaba por intentar matarla. La niña sobrevive y se hace feriante junto a seis enanos (no siete) que la protegen y cuidan en sus viajes en carromato.

Esta fábula muda y en blanco y negro, además de generarse en un contexto de realismo mágico, sorprende y desconcierta. Pues, en ocasiones, un guión bien armado técnicamente juega con el espectador conduciéndole hacia la esperanza, mientras en otras, lo sumerge en la más profunda decepción. La historia tiene ritmo pero genera una intriga falsa que se sostiene sobre giros rocambolescos y alardes sentimentales. La poesía ahí es menos profunda y humana de lo que parece a simple vista. En cambio, el relato encuentra cuerpo y volumen en los personajes dicotómicos de la abuela, interpretada por una honda Ángela Molina y de la madrastra, Maribel Verdú, que no sólo ha conseguido bordar su papel sino que ha logrado que el espíritu de su personaje inunde toda la cinta.

Quizá por ello, y por el talismán oscuro de los ojos de la Verdú, la candidez de ciertos pasajes de la historia y de sus personajes se ve traicionada por la crudeza que tiene la finalidad del filme. La niña Blancanieves se ve abocada a un fin que cambia al cuento. La adaptación ya no es adaptación sino versión. A esto también contribuye ese tono zafio tan arraigado en la cultura postmoderna española que se toma ciertas libertades de escena erótico festivas. Así la candidez y dulzura de Blancanieves no permite ni siquiera un gesto esperanzador frente a la podredumbre de la envidia y los celos.

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