La vida de Pi

Puestos a polemizar, se diría que esta película es un producto representativo de la visión más desesperada de la Postmodernidad. Y no les falta cierta razón a los críticos que han pensado así, si entendemos claro está los frutos de nuestra era sólo en términos de insatisfacción. Una queja lastimera que se arrastra hasta conseguir nuestro cansancio más absoluto. La cosa se recrudece, si se despoja al argumento del filme de toda la belleza que construye minuciosamente. Pues sí: la historia plantea la existencia de Dios como el fruto del deseo y de la necesidad humana de transcendencia. Desde luego no es lo mismo vivir como si Dios no existiera que hacerlo como si sí. Una lección muy razonable aunque dura.

Sin embargo, la adaptación que hace Ang Lee de la novela de Yann Martel parece querer decir algo más sobre esta máxima que empieza a valorarse tanto. Algo más que no está oculto, gracias a la increíble impresión visual que nos deja el filme. No se trata de un mensaje para iniciados sino un mensaje expuesto a simple vista en la alegoría. La belleza de este mundo es el tema y la forma de la historia de Pi. Pi es un joven de origen indio que profesa una religión sintética de tres religiones y que es convocado por un escritor ávido de historias para narrar el relato de su naufragio. Tras el relato -le han asegurado- el escritor creerá en Dios. Pi naufraga y emprende un viaje maravilloso y extraño en una barca acompañado de un tigre de Bengala. La experiencia de supervivencia en medio del océano se forja con la terrible y asombrosa compañía del Tigre, la soledad, los elementos, el cosmos terráqueo en su máximo y menos conocido esplendor, la vida natural, la esperanza de vivir en medio de ella.

Y así nace el relato poético: con la firme intención de cambiarnos la mirada, de mejorar la perspectiva. En absoluto se trata de un desafío teológico. Sino más bien metafórico. Pues cuando falta el entendimiento, las razones para actuar bien, la fe para creer en las personas, en que esto de vivir merece la pena, entra la Belleza a rescatarnos de la barbarie. Y así estamos ahora: buscando esa salvación estética.

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