Django desencadenado

Quizá sea comprensible que, a estas alturas de nuestra Historia, importe más o menos escandalizarse con la representación de la violencia a lo bestia. Carne adulta (sin niños, sin sexo, por fortuna). A lo mejor es hasta cierto punto hipócrita hacerlo. Siempre hemos estado preparados para tolerarla e instigarla. Por qué hoy no. Así puede interpretarse el nerviosismo manifestado por el director de este filme, Quentin Tarantino, en una anti-entrevista concedida al Channel 4 británico. Tarantino no quiso hablar sobre las implicaciones de la violencia en su película. E incluso negó que hubiera “tales implicaciones”. Parece ser que este magnífico western a la italiana no va exactamente de eso. Pero es un canto irónico que merece la pena escuchar, con el estómago preparado.

Como es habitual, el “tarantinismo” usa de la violencia para recuperar cierto sentido de lo real. E incluso consigue convertirla en una herramienta divertida. Nos reímos como hienas en el cine. Algo realmente obsceno. Esta vez se trata del relato de un “imposible verosímil”: la historia de un cazarrecompensas alemán, el Dr. Schultz (Christoph Waltz, recordado entre otros títulos por Malditos bastardos), que da la libertad a un esclavo negro llamado Django (del duro Jamie Foxx). Como liberto, éste emprende una búsqueda sangrienta y encarnizada por recuperar a su esposa, la esclava Broonhilda Von Schaft. En el camino, los dos inesperados compañeros de viaje consiguen zafarse de varios entuertos, enriquecerse y hacerse amigos.

Como si pretendiera reescribir la Historia vengando a las víctimas de la esclavitud, Tarantino se lanza a imaginar una combinación de situaciones grotescas y crueles, argumentadas con finura, en medio de lugares deplorables donde habitan nuestras bajísimas pasiones, personajes terribles y la indignación. También se combinan los contextos, inesperados y sustanciosos, como el del lejano Oeste de Texas y el pantanoso submundo de Mississippi en el año 1858. Hay tanto dolor que purificar que toda la sangre desparramada por el metraje resulta incluso escasa.

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