Los cachorros y el código de Marco Polo

Asombra observar cómo para acertar, el cine de animación infantil ha de cumplir al menos con una sola máxima: que los protagonistas sean niños. El niño busca reconocerse en una aventura que en la vida real no acontece habitualmente. Quizá por eso y porque además, en esta historia se da el caso de que los protagonistas son animalitos (con esa dosis de ternura casi inexplicable…que les atribuimos) la película funciona. El filme también cuenta con una ventaja competitiva nada desdeñable y es el marketing televisivo que le ha hecho suficiente promoción como para salvar el desastre de desarrollo del argumento o la poca calidad de las caracterizaciones de los personajes. La marca “cachorros” es ya un producto conocido.

Para un adulto, esta versión cinematográfica de una aventura de los “cachorros” resulta insuficiente. Sin embargo, el niño se queda absorto con los tópicos necesarios que pueblan la historia, a saber: la bruja malvada con sus secuaces tontos; la pandilla de amigos que se ayudan entre sí; los misterios de un enigma; los ingenios y trampas y, cómo no, el castillo de terror. Lo demás, el escenario de viajes que llevan al espectador de Chicago al Himalaya y de Venecia o al desierto no hacen sino alimentar la inquietud del niño por saber más y mejor acerca de esos lugares que no conoce aún. En ese sentido, y aunque desaprovechado, el subtítulo del filme con su alusión expresa a Los Viajes de Marco Polo suscita en el niño un interés sano por un universo de conocimiento superior, al menos, en teoría. También es cierto que la simplicidad con la que se trata al explorador veneciano casi resulta insultante. Por lo cual, la referencia pierde fuerza dramática.

En la composición del cuadro de personajes llama la atención la vinculación de cada de uno ellos con un objeto tecnológico o algunas de las actividades que desempeñan pese a ser cachorros: una de ellos, la patita, pergeña una conjura contra sus compañeras de pasarela para ser la mejor “modelo”, por ejemplo; todos se ven invadidos por el uso del móvil. En definitiva, el reclamo publicitario y la presencia de lo virtual están demasiado presentes en un mundo poco amigo de lo natural. En cualquier caso, a esta alianza italo-española en la coproducción le falta un empuje en el cuidado del guión, el ritmo y la intriga, inexistentes o trémulas, en mejor de los casos. En realidad es un episodio televisivo de los cachorros pero en formato cinematográfico. Una experiencia ambivalente.

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