Intocable

La vida siempre supera a la ficción. Pero la ficción se encarga de recordarnos, en ocasiones, éstas y otras cosas sobre la vida. Quizá por ello, no es casualidad que este filme del mejor cine francés esté inspirado en hechos reales. En concreto, se trata del relato que atañe a la relación inesperada y casual que surgió entre un aristócrata inválido (Philippe Pozzo di Borgo) tras un accidente deportivo y un joven africano (Abdel Sellou), de orígenes humildes y con antecedentes penales, cuando este último se convirtió en su cuidador personal. 

Los directores del filme han sabido escoger un inicio contundente para explicar “la feliz coincidencia”: para seleccionar al cuidador entre un buen número de candidatos, al aristócrata Philippe le convencen la franqueza, el vitalismo y la energía de Driss; y Driss se entrega sin tapujos ni artificios a un trabajo nuevo que le puede salvar de las penosas condiciones en las que vive en un barrio suburbial de París. Driss no pretende quedar bien con Philippe ni tratarlo con falsa compasión. Y Philipe agradece profundamente que alguien le diga siempre la verdad; que no se acerquen a él por interés, con tapujos o pusilanimidad. Sólo así recobra el sentido de la realidad, tan perdido en ese entramado de soledades y fingimientos. En definitiva, tenemos a dos personas frente a frente, con sus gustos divergentes, sus experiencias, sus anhelos y su día a día. Aunque las coincidencias existen, lo magnífico de esta historia es el nacimiento de una amistad sólida y rica entre dos protagonistas tan dispares y antagónicos. La amistad surge en un escenario social de contrastes, poco proclive a comprensiones mutuas o al mero interés por la existencia del otro. De ahí que se contemple con mayor claridad que se importan el uno al otro como personas, por lo que son y no por lo que tienen.

Además de divertida y bien estructurada, esta comedia recuerda que la vida, incluidas sus asperezas, obstáculos y golpes, es un don que merece la pena disfrutar. Por ello, además de devolvernos las ganas de arriesgarnos con los demás, de entablar relaciones sinceras y auténticas, de hacer amigos y de alimentar con nuestro trato (unas veces torpe, otras, acertado) las viejas amistades, nos empuja a respira con soltura y a pulmón abierto el aire que nos toca respirar. Ánimo.

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El toque Lubitsch

Una bitácora para el pensamiento, en general y en concreto, y el análisis y crítica de la ficción cinematográfica y televisiva.

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