La dama de hierro

La biografía fílmica tiene una peculiaridad necesaria y una dificultad inherente: y es que exige establecer un juicio claro y determinante sobre el biografiado que no todos los guionistas y directores de cine están en condiciones o dispuestos a ofrecer. Tal es, a mi juicio, la razón del lamentable desaprovechamiento de la historia de la Primera Ministra conservadora Margaret Thatcher en este filme tan esperado.  El titubeo con el que se ofrece el retrato de esta primera dama se expresa en el escaso tratamiento que tiene la vida política en la película, ofrecida a través de retazos documentales, y sostenida sobre los hitos más impopulares y las agresiones más violentas de los tres mandatos de la Thatcher. Por otro lado, el hilo conductor de la historia se basa en el recuerdo dubitativo de una Thatcher octogenaria aquejada y disminuida por el Alzheimer.

El espectador comienza compadeciendo a la protagonista de una gran historia que mira atrás desde el presente, pues se encuentra con una mujer segura de sí que cree en el esfuerzo y los méritos personales para salir adelante. Pero acaba asistiendo al espectáculo de humillación pública de una homenajeada que se manifestó ambiciosa y solitaria y que olvidó estar cerca de los suyos por perseguir sus ideales. Esa pequeña gran historia de su carrera política, que se intuye en los primeros metrajes de la cinta, aparece recogida a través de numerosos flashbacks provocados por el contacto de la enferma con los objetos de su hogar. 

Es el talento incontestable de Meryl Streep el que consigue que la película, sin embargo, se mantenga a flote, pues la actriz parece interpretar adecuadamente la conflictividad del personaje. Gracias a ello, la cronología política adquiere cierto volumen al verse también apostillada por los pensamientos y opiniones de Thatcher. Además de retratarla, sirven para explicar la extraordinaria convicción con la que asumió sus tareas gubernamentales. Y esa convicción queda expresada por una de las respuestas que da en la película, algo así como: “Vigila tus pensamientos pues se convertirán en palabras; vigila tus palabras pues se convertirán en acciones; vigila tus acciones pues acabarán en hábitos; vigila tus hábitos pues conformarán tu carácter y vigila tu carácter pues guiará tu destino”.

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