Gianni y sus mujeres

 A veces la vida nos trae sinsabores. La experiencia común dice que la madurez, vivida o no en plenitud, acarrea siempre un mirar atrás, un querer ser retrospectivo y juez ante nuestra historia. Ésa es la inquietud sembrada en el protagonista de esta comedia italiana, tan amable como inesperada. Su director y actor principal, Gianni di Gregorio, no ha sucumbido al falso pudor de esconderse entre los pliegues de un nombre “artificial” y así, en directo, proclama su drama de prejubilado en el filme: ¿intereso todavía a las mujeres?

 La pregunta es particular y no general. Y esta decisión no sólo tiene un sentido dramático, al situar la acción en medio de distintas generaciones de mujeres, con sus problemáticas propias en relación al “bueno de Gianni”, un honesto caballero retirado a sus labores: la madre de Gianni, una viuda rica, despilfarradora que se apoya tanto en su hijo que lo convierte en un tierno pelele; su esposa, una mujer madura, centrada, que aún trabaja; su hija, una jovencita postmoderna, muy volcada sobre sí; y la vecina desinhibida, el antiguo amor de juventud, la amiga lejana…Todas lo necesitan pero indiferenciadamente. El tono de la comedia es bajo, íntimo. Por ello, el humor acontece con discreción como en la media y leve sonrisa de la Gioconda. Y junto a Gianni, el papel del amigo instigador, Alfonso, provoca en Gianni estas reflexiones, aunque su intención sea perderlo (como lo está él mismo) con los cantos de las sirenas.

Más bien se diría que para Gianni (y cualquier hombre) interesar como hombre a las mujeres es cenital. El genial matiz que introduce esta historia desconcierta, pues aunque en apariencia hubiera un sesgo sexual en todo el discurso, el argumento demuestra magistralmente que no es así. La percepción femenina es para Gianni la prueba manifiesta del sentido personal: “gustar” o no (que le miren como a un hombre, y no a un abuelo, a un viejito encantador, a un recadero inofensivo) es sinónimo de tener o no un sentido propio. Aún “soy yo”, aún sirvo para algo: mi palabra es escuchada, mis decisiones, acatadas. Gianni necesita decirse así mismo que llegar al ocaso de su vida no es dejarse abandonar en la vejez, apáticamente. Y el final, eso sí, es una fábula.

 

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