Piratas del Caribe: en mareas misteriosas

Y la pregunta es: ¿Y qué aporta realmente el género de piratas? Existe un código más o menos establecido por la tradición cinematográfica (y la Historia, negra o no) que ha alimentado nuestro modo de entender la moral entre los “fuera de la ley” marítimos obsequiándoles con nuestro fiat. Además de aceptar con ojos complacientes y hasta emocionados las bravuconadas y desafíos a la ley en los piratas, generamos una serie de expectativas que toda aventura de piratas que se precie no debe defraudar; tales como, el barco misterioso, la tripulación encendida, unos pitaras de peor calaña, la joven pirata salvaje, las recompensas, la Corona, los malos agüeros y supersticiones, los tesoros, las sirenas y, cómo no, una isla.

Con ese parámetro mental, Robert Marshall, el director de la cuarta entrega de la saga de “Piratas del Caribe”, ha adobado bien un producto de marketing, que Disney ha explotado desde la primera aparición de la “Perla negra”, a través de todo un montaje de ficción y juegos virtuales anexos donde explorarnos como piratas, actuando como si los fuéramos. El hecho es que la aventura fílmica tiene un arranque misterioso y épico como corresponde al buen tópico. Tomando como punto de partida uno de los pequeños grandes episodios de nuestra fascinante (y maltratada) Historia de la conquista española de América, el advenedizo capitán Jack Sparrow busca la Fuente de la Eterna juventud. Ni que decir tiene que la mención a Juan Ponce de León es casi nominal y que la aparición de los españoles, como es ya habitual, demasiado estereotipada y vergonzante como para prestarle mucha atención…Sin embargo, el mito de las aguas milagrosas, de propiedades curativas, da fuste a la aventura. Así como la aparición de Penélope Cruz, en un papel con potencial pero mal dirigido, resta vigor a las escenas desviándolas del objetivo dramático.

Cuando un pirata se acoge a juramento parece salvaguardar su vida. En este filme, y quizá debido al carisma de los personajes de Sparrow (en Johnny Depp) y Barbossa (Geoffrey Rush), el juramento ya no tiene vigencia. Entre otras razones porque el pacto de lectura establecido consiste en aceptar las excentricidades impuestas por la piratería y no asistir a una verdadera persecución por parte de la guardia real británica. La Corona se vuelve pirata y por ello los antagonistas dejan de tener relevancia. Dicho de otro modo, el submundo de Sparrow y aledaños se vuelve tan irónico que pasa a ser inofensivo y poco serio.

 

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