En tiempo de brujas

Irrumpe en la cartelera, una nueva interpretación de las relaciones del hombre con la Transcendencia (la religión) a través de un intento por dominar el Mal en el mundo. El filme resulta ser menos racional y más esotérico de lo que cabe pensar a simple vista, ante una supuesta película de acción, de hechizos y caballeros. Buena prueba de ello nos la da el prólogo de la historia. El espectador presencia un juicio eclesiástico a tres mujeres acusadas de brujería. La escena se desarrolla en un puente a las afueras de un poblado. El río de aguas turbulentas y el ambiente inhóspito, frío, de textura húmeda, agravan la sensación flotante de injusticia que parece ceñirse sobre las tres acusadas. La guardia que mantiene apresadas a las “hechiceras” y el sacerdote que facilita la confesión a las tres guiado por un libro enigmático completan la composición terrorífica que va a sucederse contra toda lógica posible.

Y es que, en este caso, la película que, bien puede adscribirse al género de fantasía, quizá al de la ciencia ficción gótica, plantea durante la trama la posibilidad de que el juicio de la Iglesia fuera correcto y no un ejercicio más de su despotismo supersticioso; presenciamos un inesperado giro ideológico acerca del mito de la quema de brujas en Europa, en pleno apogeo cruzado. El núcleo dramático se centra en la creencia de que ha sido una joven la causante de la plaga que diezma a la población, sin noticias del más allá. El director de la cinta, Dominic Sena, se ha apoyado en un cualificado grupo de actores entre los que cabe mencionar a Nicolas Cage para interpretar a Behmen, un cruzado desertor; a Ron Perlman, en papel de Felson, el compañero y amigo del “héroe” y que quizá recuerden por aquel monje inquietante (y hereje) de El nombre de la rosa (Der Name der Rose, Annaud,1986) que hablaba una mescolanza idiomática; o a Christopher Lee, en el pellejo del cardenal en el Palacio de Marburgo, infectado por la peste bubónica o Negra.

No obstante, el guión resulta demasiado simple en su desarrollo y la conclusión, de estética de video-juego, poco elaborada. Pues aunque el itinerario poético está claro, en tanto que la historia es un viaje arriesgado en el que se escolta a un joven para su posterior juicio, el drama flaquea por falta de densidad, por la simplificación de una batalla que a todos nos gusta vencer contra los demonios.

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1 Response to “En tiempo de brujas”


  1. 1 Kiko abril 8, 2011 en 8:56 am

    La peli es malilla, pero lo que la hace mala mala mala es el final de la película, que es un bluff.


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