El cisne negro

En este caso, el Oscar que ha recibido Natalie Portman a la mejor actriz confirma (contra todo pronóstico) que el filme no es más que un cóctel mórbido en clave aparentemente delicada, pues las cuatro restantes nominaciones han quedado vacías. En el thriller psicológico que nos brinda Aronofski hay, como mucho, un relato actual sobre las teorías freudianas acerca de la sexualidad humana sazonadas con un toque de esquizofrenia. Y en esto, la película acierta. Pues parece decir la cinta que el exceso de control sobre la conducta de los hijos pudiera acarrear enfermedades, complejos psicológicos y faltas de afecto patológicas. En cualquier caso, no parece el tema principal de la historia (y aún así el filme se recrea explícita e impúdicamente en la homosexualidad).

El traslado fílmico de la tragedia del “cisne negro” expresada en “El lago de los cisnes” de Tchaikovsky ha servido para generar una auténtica pesadilla, cuyo eje principal de terror es la perversión de la conducta y el suicidio personal. En primer lugar, el mito que se plantea consiste en una posible dualidad interna formada por el bien y el mal que pujan por imponerse en la personalidad. El mal suele estar reprimido y el bien, impostado. De modo que la inocencia de Nina, una joven bailarina de la compañía de Ballet de Nueva York, es simplemente el efecto de su absoluta rigidez y no, el fruto de sus convicciones personales. Por ello, movida por la obsesión de interpretar con realismo la malicia del tentador papel del cisne negro, lucha por sacar de sí todo el mal posible. Y se vuelve contra sí misma. En segundo lugar, aunque dicho con timidez, parece haber todo un bosquejo acerca de la naturalidad y la artificiosidad en el arte, un asunto de gran calado en la teoría estética que la película resuelve afirmando que la perfección (o la representación perfecta) nace de la ruptura de los límites de la técnica.

El mal que ha sacado la protagonista -en un tinglado claustrofóbico- no sólo orienta sus pasos de bailarina sino que está regido por las tentaciones de la carne en un sentido perverso: aquél al que sólo pudiera llegarse con la lujuria y la envidia. Mientras que la puesta en escena denota un trabajo formidable por parte de Portman y, por supuesto, por parte de su director, el relato se compromete en demasía con la cara más sórdida del mal. Y no oculta, por lógica dramática, que eso sea dañino.

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12 Responses to “El cisne negro”


  1. 1 Kiko abril 8, 2011 en 8:53 am

    Elena, interesante disgresión a la que hay que introducir matices. EL más importante es que mis palabras no califican ni descalifican, simplemente describen. Lo que me parece alucinante es que existan gentes que ante algo tan banal como una crítica de cine (que perdone la autora esta -ahora sí – calificación del cine como vanalidad) sean capaces de hacer un juicio sumarísimo sobre una persona, y además de manera cobarde y anónima, jugando con la ventaja de que la autora del blog pone su cara verdadera y el que comenta muestra sólo una máscara de sí mismo, que le protege ante cualquier ataque personal.

    Ante esta situación cobarde, hipócrita y mezquina me lamento y oso decir – a título meramente descriptivo – que las personas que son capaces de actuar así hacen del mundo un sitio peor para vivir. Lo cual es siempre cierto, sea cual sea la filiación o la naturaleza de quien emite un juicio y una condena cobarde aprovechando el anonimato de internet.

    Para comprenderlo mejor traslademos el enunciado a un silogismo:

    1ª premisa: Emitir juicios personales y anónimos sobre un bloguero que firma con nombres y apellidos es siempre injusto, cobarde y mezquino (es cobarde porque es anónimo, es injusto porque el otro no puede responder con la misma moneda al no reconocer al que le ataca y es mezquino porque el ataque se aprovecha de una situación de superioridad – yo te conozco y tú a mí no-). VERDADERO
    2ª premisa: La injusticia, la cobardía y la mezquindaz hacen del mundo un lugar peor para vivir. VERDADERO
    3ª premisa: Arturo en este blog ha hecho lo señalado en la premisa 1ª, es decir, ha “emitido juicios personales y anónimos sobre un bloguero que firma con nombres y apellidos”. VERDADERO
    Ergo, conclusión: Arturo y los que actúan como Arturo hacen de este mundo un lugar peor para vivir.

    Como ves no es una calificación ni una descalificación, sino una mera descripción, ya que el fundamento de la conclusión no es de índole moral (opinativa), sino lógica.

    Un placer la conversación con usted, señora Elena.

  2. 2 Elena abril 7, 2011 en 2:15 pm

    Buenas tardes. Me he perdido entre tantos dimes y diretes. ¿No es esto un blog con comentarios para críticas cinematográficas? Porque si es así, no entiendo el comentario de Arturo ni la respuesta de Kiko. Dice Arturo que él no descalifica a la autora; y es muy cierto, lo más exacto es decir que la califica. Y como tenía dudas he recurrido al diccionario (perdón por mi simpleza ante tan básico instrumento, pero no se me ocurría nada más).
    Descalificar según la RAE es “desacreditar, desautorizar o incapacitar”. Y efectivamente, Arturo, Usted no es capaz de ello, no se preocupe, puesto que un simple comentario en un blog no da tanto poder como para incapacitar o desautorizar a alguien.
    Y siguiendo de nuevo la definición de la RAE, calificar es “apreciar o determinar las cualidades o circunstancias de alguien o de algo”. Eso sí que creo que ustedes lo hacen muy bien.
    Me admiran las personas que son capaces de determinar con precisión las cualidades de alguien. Yo, al menos, no soy capaz de hacerlo ni con las personas que más conozco. Será que soy demasiado prudente, o torpe, que también.
    Como decía, sus palabras son calificaciones, puesto que suponen valoraciones y éstas llevan a juicios (segunda acepción del diccionario). Y lo digo leyendo sus palabras: “bueno, eso cree usted”, “que imponen en sus instituciones”, o “semejante estupidez que le deja como una inculta cinematográfica”.
    Lo mismo puede decirse de las vehementes palabras de Kiko a Arturo: “da pena que exista gente como tú” o “haces de este mundo un lugar peor”.
    Todas ellas palabras agradables donde las haya, para levantarle a uno el ánimo y hacerle sentir una gran emoción. Vista su manera de escribir deduzco que les encanta que alguien se dirija a ustedes con tamañas cautivadoras y seductoras palabras, consideración, deleite y alarde de poesía que dejaría las batallas poéticas entre Góngora y Quevedo como un ejercicio de principiantes.
    En fin, volviendo a la película, que creo recordar era lo que se trataba de comentar en esta entrada, se trata de diferentes sensibilidades ante obras cinematográficas. Sencillamente, señores, limitémonos a dar razón de nuestras sensibilidades y gustos ante las películas y dejémonos de iracundos comentarios entre unos y otros que, sinceramente, no me interesan lo más mínimo. Con perdón.

  3. 3 Arturo abril 5, 2011 en 7:01 pm

    Me agrada enormemente su respuesta, por dos razones: la primera porque la esperaba y la segunda porque confirma todo lo que he dicho en el comentario anterior. No descalifico a la autora, descalifico que la manipulación a la que se ve sometida la esté convirtiendo en alguien que puede escribir semejante aberración anti-artística. Y olvídese del ámbito universitario, y piense en le ámbito de la vida, por supuesto que en ese núcleo cerrado ustedes ponen sus normas pero en la vida hay mucho más, que por desgracia nunca conocerán.
    Yo le he tendido una mano a esta autora. Oportunidad que, por supuesto, a ustedes no le conviene, ya que supone dar una salida a los miembros que ustedes manipulan y engañan impunemente.

  4. 4 Kiko abril 5, 2011 en 12:37 pm

    Arturo, atendiendo a los hechos queda claro que él único fanático que hay por aquí eres tú, con esa retahíla de descalificaciones hacia la autora del blog.

    Se puede estar en desacuerdo con su punto de vista (de hecho, yo lo estoy), pero el respeto y la decencia universitaria obligan a debatir sin insultar.

    Da pena que exista gente como tú. Haces de este mundo un lugar peor. Lástima. Una oportunidad perdida para mostrar algo de grandeza…

  5. 5 Arturo abril 2, 2011 en 2:00 pm

    Creo que el exceso de prejuicios creados artificialmente por la orden católica que sigue libremente (bueno, eso cree usted), le ha producido una indudable incapacidad para analizar una obra de arte como la que Aronofski nos muestra. La película podría ser criticada de diferentes formas, todas respetables menos una: el fanatismo, justo la que ha seleccionado usted. Ha sido el fanatismo y la propagación del odio a la homosexualidad (que algún día alguien les denunciará porque se lo tienen bien merecido) que imponen en sus instituciones educativas la que ha hecho que su crítica sea absurda y llena de tópicos ultra-conservadores (tan tópicos como la propia palabra ultra conservador). Lejos de alegrarme al leer semejante estupidez que le deja como una inculta cinematográfica, lo que me ha sucedido es una terrible decepción ya que creía que usted era más inteligente de lo que ha demostrado ser al escribir semejante panfleto. Lo siento de verás porque no ha quedado como una verdadera crítica cinematográfica sino como una analfabeta artística. En serio, creía que usted valía mucho más.

  6. 7 Ruth Gutierrez marzo 18, 2011 en 11:23 am

    Muchas gracias, Elena y Antoine, por el interesantísmo diálogo.

    Considero que la representación del Mal (y el atractivo que suscita) es uno de los grandes temas de la poética. Pero me gustaría hacer una breve matización al respecto: cabría distinguir entre el Mal presentado como un bien y la representaión del mal en la ficción. Las buenas ficciones tienen la necesidad de mostrar la existencia del mal, como parte constituyente de la realidad del mundo, con final feliz o sin él. Y es que la esencia misma del drama es dar sentido -a través de un mecanismo conflictivo (y demasiado complejo como para explicarlo aquí)- a esa misma existencia dolorosa que provoca el Desorden, la ausencia de paz, el Caos, la inquietud, la sin razón, el egoísmo, el error y el pecado, el dolor, etc., es decir, de las causas de nuestra aflicciones…

    A veces el espacio de la Belleza nace de la comprensión de estas cosas, por muy dolorosas y duras que sean. Y por ello casi se diría que es un bien necesario el representarlas. Pero es una cosa distinta convertir el mal en un bien a través de la argumentación retórica (o la estética) o pretender esconder su verdadero cariz. Pues sin duda el mal recubierto de los aparentes bienes que pueda traer (a corto plazo) resulta a veces tan o más sugerente que la acción buena: concede superioridad moral…O algo parecido al que se alía con él. “El cisne negro” presenta un poco de ambas representaciones. Por eso se ha generado este debate, sin duda.

    Mil gracias por estar ahí y cordiales saludos,

  7. 8 Elena marzo 17, 2011 en 6:18 pm

    Antoine, gracias por la pronta respuesta al comentario. Sobre la belleza, ya señalé en mi primer comentario que, efectivamente, no es un concepto unívoco e irrefutable. Ciertamente hay sensibilidades distintas y cada espectador/lector reacciona de una manera.
    Sobre el mal, no me ceñía en el comentario a esa parte de la relación lésbica; de hecho ni la menciono, pues es una pequeña porción de la película y me parece anecdótico, como usted bien apunta en su primer comentario. Si lo señalo es porque se supone como parte del eje argumental de la propia película, si no lo he entendido incorrectamente. El propio título, “Cisne negro”, ya es de por sí significativo.
    Saludos.

  8. 9 Antoine marzo 17, 2011 en 12:52 pm

    Buenos días,

    Excelente respuestas, Ruth y Elena. Respecto de las consideraciones de Elena, me veo en la obligación de dar dos observaciones:

    1. Me parece perfecta su opinión acerca de la poesía tomando como referencia una definición tan concreta de la misma, pero no creo que la poesía solo tenga que ver con lo bello, siendo conscientes, además, de que la belleza no es un concepto absoluto y que cada espectador tendrá su propia definición.

    2. No sé qué entenderá por ‘El Mal’ en este contexto, pero si lo identifica con la experiencia lésbica, creo que es un debate demasiado minimalista y carente de fundamento. Lo homosexual puede significar ‘El Mal’ para algunas instituciones, pero afortunadamente no es así para todo el mundo y un beso lésbico o gay también puede ser bello y signifcar amor y cariño, les guste o no a ciertos grupos sociales, dejando de lado, ahora sí, Cisne Negro y hablando en general.

    Muchas gracias.

    Un saludo.

  9. 10 Elena marzo 17, 2011 en 9:57 am

    Estimada Ruth,
    leo con interés su crítica y el comentario de Antoine sobre la película El cisne negro y caigo en la cuenta de una consideración muy sugerente que plantea Antoine al final de su comentario: “una película de semejante calado poético”.
    Mientras terminaba de leer el comentario de Antoine no sé por qué me venía a la cabeza el sutil y delicado modo de definir la poesía y, por tanto, la belleza, de Adam Zagajewski. No soy buena recordando la literalidad de las palabras, pero sí recuerdo que el gran autor polaco define la poseía y la búsqueda de la belleza como lo sublime, agradable y que permite al ser humano buscar la armonía y elevar su espíritu a las altas cimas (una genial alegoría que relata en el libro “En defensa del fervor”).
    En fin, todo esto para decir que me parece exagerado considerar la película de el cisne negro como de gran “calado poético”. Si bien sobre las creaciones artísticas no hay cánones irrefutables y consensuados, como mera espectadora, y nada experta, me gusta contemplar películas u obras que despierten en mí la maravilla de la belleza, la luz y paz que transmiten obras bien terminadas, que saben mostrar los conflictos de las personas, pero dejando de lado lo histriónico, dejando entrever (eso, siempre, respeta más la inteligencia/sensibilidad del espectador/lector) y no mostrando la crudeza del mal. Al respecto, más bien cabría preguntarse por qué a veces atrae tanto mostrar o contemplar descarnadamente lo vil, lo desagradable o, sencillamente, el mal…
    ¿Será por eso que gustan más obras como “La elegancia del erizo” (genial libro y buena adaptación cinematográfica) que brillan de pura sencillez, y muestran los conflictos y catarsis humanas con una paradójica “distancia íntima”?

  10. 11 Ruth Gutierrez marzo 12, 2011 en 6:47 pm

    Muchísimas gracias por el comentario, “Antoine”.

    Probablemente por cuestiones de índole comercial, la película se solaza no ya en el tema lésbico sino en mostrar (aunque se trate de una ensoñación) relaciones sexuales bastante mórbidas derivadas de él. Personalmente me molesta la ausencia de elipsis: quizá porque me gusta el clasicismo y la elegancia; y porque no pienso que el calado poético (que, estoy de acuerdo con usted en que el filme posee algo de esa profundidad dramática)dependa de esas concesiones descarnadas a la galería (pensaría lo mismo aunque no se trataran de relaciones lésbicas). Ese párrafo de mi crítica es una alerta más que legítima para el público sensible a esos temas. Y además no seamos ingenuos: el filme lo usa como mcguffin; es más que un cinco por ciento de la historia…

    Por otro lado, que el tratamiento de ese tema no le despierte a usted al escándalo no quita que de hecho lo sea. Cualquier provocación que abusa de temas importantes para las personas lo es. Al contrario que a usted, a mí no me gusta ver esas escenas. En esto discrepo abiertamente de su parecer. Por acostumbramiento las cosas no dejan de ser lo que son.

    Tampoco pretendía ser reduccionista. No conozco las intenciones del autor. Sólo soy una receptora medianamente “cualificada” que expone su síntesis de lo visto. Pero le digo que hoy parece que cualquier mención negativa del tema homosexual resulta políticamente incorrecta o levanta ampollas a la defensiva; y eso es injusto. Nada tiene esto que ver con las personas homosexuales, sino con una representación dramática del lado más oscuro de la condición humana…
    En fin, en cualquier caso, se agradece mucho la conversación.

    Y otro saludo,

  11. 12 Antoine marzo 11, 2011 en 10:29 am

    Buenos días.
    Respeto las consideraciones que aquí recoge, pero creo que el asunto de la homosexualidad solo acapara un cinco por ciento del filme, no creo que sea lo más reseñable, desde mi punto de vista. A estas alturas del siglo XXI, además, creo que ya no es un tema que despierte el escándalo, afortunadamente para todas aquellas personas que han luchado siempre por vivir en libertad y sin tener que dar explicaciones a ninguna autoridad. Todavía me parece menos importante si tenemos en cuenta que esa relación lésbica forma parte de una ensoñación, es una metáfora que emplea Aronofsky (y que tan bien sabe hacer) para establecer el conflicto persona-persona a la par que el conflicto interior cisne blanco-cisne negro. Pero insisto: creo que reducir, en cierto modo, a Darren a apologeta de lo gay es, sobre todo, parcial teniendo frente a nosotros una película de semejante calado poético.
    Un saludo,
    Antoine


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