Wall Street II: el dinero nunca muere

En la secuela de Wall Street, Oliver Stone se atreve a conjeturar -dramáticamente hablando, claro- sobre la crisis del sistema financiero actual. Para ello rescata a Gordon Gekko (del que Michael Douglas ha hecho un trabajo meritorio) que es puesto en libertad y pretende desafiar el mundo bursátil que lo envió a la cárcel. La novedad es que entre rejas ha tenido tiempo para pensar y elaborar sus ideas sobre los problemas de la economía global. Lo de menos es que, entre tanto, un joven brillante llamado Jacob que también trabaja en Wall Street; que va a casarse con la hija de Gekko; y que además quiere vengarse de un gran magnate especulador por haber inducido al suicidio a su mentor, se cruza por el camino de Gekko y sirve de contraste entre dos maneras de ver el crecimiento del dinero. La que cree en la especulación y la que cree en la inversión sobre algo real.

Bien. Aparte de tecnicismos mal atados en la historia, y consciente de mis límites de conocimiento en economía, resulta más que interesante saber que el sentido común ha llegado a Hollywood. A nadie parece pasarle inadvertido que el sistema se derrumba. La débil y caprichosa economía del susurro, del rumor, de la comunicación personal y de masas sostiene a los especuladores, pero la especulación no sostiene al ciudadano medio. A éste se lo traga, como Saturno devora a uno de sus hijos…La pintura negra de Goya aparece referenciada en la película, donde además adquiere un simbolismo interesante (y calculado) dentro de un guión sin excesiva garra, extenso en exceso y absolutamente anodino. Es lamentable contemplar, entre otras, las escenas de reconciliación paterno-filial, carentes de entraña, pues, como no podía ser de otro modo, la tensión no es antropológica. 

El conflicto es ideológico. Como tesis de fondo, la crítica al mundo de la especulación merece nuestro interés y mantiene el filme a flote. Los grandes especuladores están arruinando a la ciudadanía mundial mientras los gobiernos salen al rescate de estos bancos de muertos que han jugado con el dinero ajeno. La ironía de la culpa mal planteada se suma al interés por la venta de humo, es decir, por hacer dinero con nada. Así, el atractivo de un trabajo que da dinero rápido y fácil se sostiene, según la historia, sobre la codicia, y otras amigas viciosas más, que, como las sirenas, pretenden distraer nuestra atención del problema. “Búscate un trabajo real”, dice un personaje durante la acción… Uno de esos con jefe, responsabilidades y derechos, donde se ofrece y recibe algo, donde se hace algo por alguien. Oliver Stone todavía no se ha planteado si nos dejarán trabajar a este paso.

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1 Response to “Wall Street II: el dinero nunca muere”


  1. 1 Miguel enero 9, 2011 en 2:21 am

    Desde mi punto de vista tiene algunos fallos en cuanto al guión clásico que pretende ser pero por otro me permitiría estar horas hablando de lo necesaria que es esta película. Oliver Stone debe separarse un poco más de la industria y ya será perfecto.
    Un saludo
    Miguel


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