Alicia en el país de las maravillas

El estilo de Tim Burton es inconfundible. Y en ese sentido, de su adaptación de la novela de Lewis Carroll destaca de nuevo la pasión enfermiza por mezclar la fantasía pseudoinfantil con un terror oscuro diluido en falsas apariencias de aventuras. Esos rasgos un tanto perversos del género Burton estaban ya muy presentes en Eduardo manostijeras (1990) o en Sleepy Hollow (1999), filmes cuidadosamente narrados en una estética gótica estilizada, con planteamientos muy desgarradores sobre el amor romántico. Más tarde en Big Fish (2003) revela –quizá inconscientemente- una visión lúcida sobre el arte de contar historias, técnica que parece dominar con cierto éxito.

Así se demuestra una vez más en la difícil historia de Alicia. La complejidad de un cuento que se envuelve de personajes mágicos, anécdotas oníricas o galimatías lógicos para confundir a los padres y conformar a los niños es un excelente caldo de cultivo para explotar la febril imaginación de Burtom. Además el giro poético del guión de Linda Woolverton da muestras de pericia narrativa. Para contar la vuelta de Alicia al recurrente país de sus sueños en plena adolescencia, cuando está a punto de responder a una petición de matrimonio, el filme se centra en el problema de la identidad. De una manera poderosa ese tema está muy presente en la novela de Carroll, como explicita la oruga fumadora de opio al decir “¿Quién eres tú?” Ese mundo posible de Alicia parece jugar con el principio de no contradicción una y otra vez sin perder ni un ápice de consistencia metafísica. Es decir, siendo en todo momento lo que es.

Y lo que es se relaciona muy de cerca con la posibilidad de albergar imposibles y tomar decisiones a partir de esos imposibles. La aventura de la Alicia de Burton (que con el efecto de las gafas mágicas de 3 D, consigue atraparte en una actividad excitante) combina la locura con la frescura de la inocencia; roza de vez en cuando el acantilado de lo siniestro con dientes y garras afiladas opinables, desde la perspectiva de las buenas costumbres…; pero recuerda que el yo perdido puede recuperarse e incluso fortalecerse en la representación fílmica.

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1 Response to “Alicia en el país de las maravillas”


  1. 1 Alfonso julio 2, 2010 en 7:21 pm

    Muchos salimos de la sala del cine pensando que el bueno de Tim Burton se había perdido en Narnia. Es increible que la obra más anarquista de la mal llamada literatura juvenil consiguiese encorsetar una mente cinematográfica tan personal e independiente como la del señor Burton. Ya podía haber aprendido de su excompañero de fatigas Henry Selick y su exquisita “Los mundos de Coraline”. Curiosamente, éste cuento gótico moderno actualiza bastante algunos temas de Alicia.


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