Un ciudadano ejemplar

Empieza a ser recurrente el thriller de venganza, casi como un subgénero de acción “negra” en medio de un contexto social hiperrealista. Con independencia del interés y de la adrenalina que genera la historia, el guión es demasiado artificial e inverosímil como para que el filme sea bueno. El punto de partida de la historia es excelente aunque su dirección –en busca de impactar y conmover al público desde el minuto uno- resulte exhibicionista: un padre (y los espectadores) presencia impotente cómo dos asesinos ultrajan y matan a su esposa y a su hija, a la que previamente hemos visto compartir un rato de ocio con un padre entregado. Dado que el fiscal (interpretado por un Jamie Foxx, Ray, 2004, que defiende a las víctimas) pacta con uno de los asesinos para asegurar la condena del otro, y esa condena rebajada de pena no colma las expectativas del padre (Gerard Butler, uno de los griegos de 300, 2007): éste decide tomarse algo más que la justicia por su cuenta.

Pero la película termina en la primera media hora. Después, tan sólo avanza a golpes de giros forzados que incrementan el número de asesinatos, generando un desconcierto creciente en torno a la figura del padre vengador. Se trata del mito del “hombre contra el mundo corrupto”, con la salsa postiza de la reivindicación del mal en su versión judaica. Pues el padre dolido por los efectos de las artimañas legales del sistema judicial hace que su ira vaya en aumento hasta que sencillamente al guionista se le ocurre pararle los pies. Ni el argumento ni las tramas contienen la fuerza antropológica suficiente como para llevar a buen puerto una historia de venganza real. El único antagonista fuerte del filme, el fiscal, parece un robot con una vida tópica incapaz de representar el dilema moral más inquietante de la película: la verdad no sirve para nada si no la consigues demostrar. Si lo razonable o lo argumentable se convierten en la medida del conocimiento, lo real pasa a un plano secundario.

Por la falta de claridad en el desarrollo del argumento, el filme es ambigüo en su conclusión; por la incomodidad intelectual que provoca el conjunto de diálogos pseudofilosóficos, sin niguna concreción particular en la acción ni en los personajes, la película se convierte en una carnicería con intriga. Lo demás, un jueguecillo de ingenio bastante pobre.

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