El fantástico Mr. Fox

Hay algo de innovador y a la par de desvergonzado en esta nueva película de Wes Anderson, en la que adapta una novela infantil de Roald Dahl. Subido al carro de la animación, de nuevo no ha podido sustraerse a la atractiva tentación de rodar dibujos animados al estilo de la abandonada post-modernidad. No encuentro una definición más acorde.

En este caso, la innovación llega de la mano de la técnica. Frente a la avalancha impersonal de dibujos digitales que ha tomado el mundo de la ficción infantil, Stop Motion (la productora que hace posible estas historias) ha apostado por una técnica naturalista basada en la difícil captación de los movimientos de muñecos de apariencia animal aunque de conducta humana. De entrada la originalidad de la cinta es formal. La historia de este Zorro, al que llaman Foxy, y su familia sigue la tradición de la fábula clásica y homenajea en alguna ocasión de la película a la versión que hizo Disney de aquel legendario noble inglés que se internó en los bosques  para ayudar a los oprimidos. Convertido en un “fuera de la ley”, el papel que comparten Robin Hood y Mr. Fox produce cierta simpatía. Sin embargo, si los Robin Hood y Little John de W. Disney y versiones anteriores levantaran la cabeza no aceptarían que un zorro y una zarigüeya imitaran sus procedimientos para beneficiarse por puro interés. Aquí radica la desvergüenza del filme cuyo mensaje es poco ejemplar para los más pequeños. Pues Foxy (cuya voz la pone George Clooney) sólo quiere reivindicar ese estado “salvaje”, que le permitía vivir a su aire, en medio de un contexto familiar y social que parece añorar la cultura de los 60 y 70. El hippy reconvertido a padre responsable se ahoga en su nueva vida de bien. De ahí la decisión de recuperar el espíritu salvaje, salvando a su familia de la desnutrición y así mismo de su naturaleza. El mito de robar a los ricos para ayudar a los pobres adquiere unos tintes estilizados: Foxy se enfrenta a unos hombres podridos por la corrupción reivindicando la belleza del estado natural. A lo mejor Rosseau pudiera decir algo más. Los niños no la entienden y los mayores no la encuentran estimulante.

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