El escritor

El interés de esta historia se basa en el enigma de una profesión poco visible a los ojos de los lectores: la del “negro” literario. Creo que Roman Polanski, como director y co-guionista junto a Robert Harris (autor de la novela en la que está basada la película), ha encontrado un filón dramático idóneo para destacar los elementos más artificiales y perniciosos del mundo de la alta política. Pues no podemos olvidar que la película es un thriller que toma como excusa ese escenario intrincado para hablar de la identidad de los sin nombre, en el ámbito de la literatura.

Con el fin de redactar las memorias del ex Primer Ministro Británico (interpretado por el flemático Pierce Brosnan)”, su gabinete personal contrata a un escritor (en manos del singular Ewan McGregor) para proseguir la tarea emprendida por otro negro, que curiosamente ha muerto en condiciones extrañas. Sin desvelar demasiados detalles de una trama ordenada aunque un tanto simple, el filme recrea la atmósfera asfixiante de las intrigas palaciegas que contrasta con la frescura y despreocupación de una persona que conoce bien su trabajo y que parece un pez fuera del agua. La tensión aumenta conforme el joven escritor fantasma (o negro) hace algunos hallazgos inesperados, tanto sobre la naturaleza de la muerte del anterior escritor como de los procedimientos con los que trabaja el gabinete y la familia del ex Primer Ministro. 

El slogan publicitario de la película lo dice bien: “No hay nada más peligroso que la Verdad”. Aunque pueda parecer irónico, el “negro”, como figura institucionalizada entre las bambalinas del género literario más declarativo, descubre en última instancia que el que tiene algo que decir es él y no el ex Primer Ministro. O lo que es lo mismo, detrás de las apariencias de las cosas, a veces, no están las cosas mismas; y cuando lo están –y por desgracia- resultan irrelevantes al común de los mortales. No tener firma no significa necesariamente no estar ahí.

 

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1 Response to “El escritor”


  1. 1 Marta González marzo 16, 2011 en 4:51 pm

    Ruth,
    La película de Polanski fue uno de mis grandes hallazgos el pasado año, y todavía sigo enfadada con la Academia por no nominarla ni tener en cuenta a su director por razones evidentemente políticas.
    McGregor lo hace sensacionalmente, y el guion está muy bien cosido. Si bien es cierto que al principio puede resultar lenta, todo está justificado, puesto que parece que la intención del guionista es provocar una inmersión en la trama que nos vaya agarrando al asiento e incremente esa sensación de indefensión que va sintiendo el protagonista.
    Aunque el final quizá sea un poco brusco (un deus ex machina siempre saca de apuros), como espectadora me sentí totalmente enganchada por el misterio hasta el desenlace. Y el mensaje, pese a sus tintes políticos, es universal: nada mejor que hacer una reivindicación de la verdad, aunque en este caso sea pesimista y acabe por tener desastrosas consecuencias.
    Te sigo,
    Marta


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