La cinta blanca

Llevan razón algunos espectadores al denunciar el fraude publicitario que hay tras la maquinaria “propagandística” del nuevo y terrorífico filme de Michael Haneke. Según ésta, el director austriaco indaga nada más y nada menos que en los “orígenes del nazismo”. Para desgracia del anuncio, la película va más allá de esa ideología. Y su creador lo sabe. Nada hay de particular en el retrato de ese pueblecito alemán que explique porqué allí y porqué no aquí también sucedió la tragedia.

Haneke abunda (de nuevo) en el sadismo: esa forma despreciable de infligir dolor y disfrutar con ello, en este caso, a través de una cámara. Dicho con más pudor: la historia busca cauces para representar el mal y, en concreto, la violencia, pero con la indiferencia y dureza de corazón de un desesperado. El relato es insuficiente como obra dramática y deja insatisfecho al público, en la medida en que siembra un conflicto que no resuelve. La película empieza y acaba en medio. Es decir, se plantea como una sucesión de acontecimientos, con aparente hilo conductor, a los que se les busca un principio y un fin. Los sucesos son una serie de crímenes que se ensartan en las agujas del odio, la envidia, la mentira o la lujuria. Y aquí es donde la película añade un punto de crueldad al relato, al implicar, como verdugo y víctima, a los niños del pueblo. Lejos de alcanzar la grandeza de Dreyer o Bergman -como se ha dicho en algunos lugares-, Haneke recurre a los mismos elementos estéticos que sus predecesores y elabora un producto de singular belleza. La cámara estática, la casi ausencia de diálogos, la puesta en escena teatral, las hermosas elipsis que recubren de un velo casi sacro ciertos momentos del filme, y cómo no, el blanco y negro aportan la mirada crítica a la historia. Si bien ese juicio moral sólo depende del aspecto estético (robado) y no del relato. No obstante, y sólo como parte de la trama, está presente el fanatismo religioso protestante: la conciencia de culpa hace desgraciadas a las personas que no encuentran el necesario perdón divino; el rigorismo y la virtud vivida como una disciplina y una exigencia insuperables, la ausencia de expresión de los sentimientos y otras muchas abominaciones de la vivencia de la religión generan un entramado de emociones que crean cierto marco de ahogo espiritual, pero no acaban de dar un sentido a la animalidad presente en el filme.

Desde el punto de vista poético, la historia se niega a sí misma la posibilidad de hacer justicia. Contra las leyes de la dramaturgia, Haneke resta a su ficción la necesidad de encontrar sentido al mal. Todo esto explica el esfuerzo y el sufrimiento que exige la recepción de este filme. Y por qué el espectador, angustiado, siente y piensa tras el filme en aquel deprimente presagio de la humanidad perdida…
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Título original: Das weisse band. Dirección y guión: Michael Haneke. Países: Alemania, Austria, Francia e Italia. Año: 2009. Duración: 144 min. Género: Drama. Interpretación: Leonie Benesch (Eva), Josef Bierbichler (encargado), Rainer Bock (doctor), Christian Friedel (maestro), Burghart Klaussner (pastor), Steffi Kühnert (Anna), Ursina Lardi (Marie Louise), Susanne Lothar (comadrona), Gabriela-Maria Schmeide (Emma), Ulrich Tukur (el barón). Producción: Stefan Arndt, Veit Heiduschka, Margaret Menegoz y Andrea Occhipinti. Fotografía: Christian Berger. Montaje: Monika Willi. Diseño de producción: Christoph Kanter. Vestuario: Moidele Bickel. Distribuidora: Golem. Estreno en Alemania: 15 Octubre 2009. Estreno en España: 15 Enero 2010.
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2 Responses to “La cinta blanca”


  1. 1 Ruth Gutierrez abril 20, 2010 en 10:57 am

    Muchas gracias por tu comentario, Alfonso. Me parece que la razón de ese desatino estético puede ser la perplejidad que demuestra el director. El tema que propone se le ha quedado grande para sus pequeñas respuestas “previsibles”.
    ¡Seguimos conversando!
    Saludos, Ruth.

  2. 2 Alfonso abril 13, 2010 en 9:54 pm

    Haeneke nunca ha sido santo de mi devoción. Algunas de sus películas como “Caché” o su celebérrima “Funny Games” me parecen meros vehículos de la arrogancia cinematográfica de éste caballero. Sin embargo, he de reconocer que “La cinta blanca” me sorprendió gratamente esta fábula rodada en un hermoso blanco y negro luminoso. Hay escenas que en sí mismas son increibles cortometrajes como la conversación del padre y del hijo por el estrangulamiento del canario. Pero cómo bien apuntas, Haeneke no llega a alumbrar lo suficiente este cuento gótico sobre el germen del odio en Europa y sus funestas y conocidas consecuencias en el siglo XX. El otrora incisivo bisturí de Haeneke, se le ha quedado sin punta. Haeneke nos invita a comer un suculento chuletón pero en la mesa nos pone para partirlo el cuchillo del pescado.


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