El ilusionista

Resulta difícil saber muy bien dónde trazar la línea de la comprensión de una película como El ilusionista, la segunda del director Neil Burger. Basta con creer –siendo crédulos hasta el fin- la maravillosa historia de un prestidigitador casual con un gran poder de sugestión sobre las mentes. Además empieza a ser habitual en estos tiempos encontrar la cartelera plagada de escenarios, magos y gente muy expectante. Pero a diferencia de Scoop, este filme –basado en un relato de Steven Millhauser- juega hasta el final con los poderes pseudosobrenaturales, apoyándose en la interpretación de Edward Norton en el papel principal de Eisenheim. Como el propio ilusionista, el espectador se ve voluntariamente atrapado por el mundo cerrado de un teatro poco iluminado, tenebroso como el mismo secreto que esconde la historia y recreado para engañar sin tregua, dejando una inquietante sensación de fascinación en el público.

En definitiva y sin decirlo todo aún, El ilusionista aparece como una película de rabiosa actualidad en lo que tiene de mistérica. Frente al materialismo aburrido, el filme se concentra en entretener con causas espirituales –mejor decir mentales- en la línea del esoterismo. Por esto ofrece una salida más estable al tedio provocando sueños irracionales en paisajes nebulosos, tenues y olvidados.

A la buena realización del filme, contribuye también la ambientación exquisita y cuidada del contexto histórico y social vienés de principios del siglo XX. El punto de vista narrativo, sin embargo, aparece menos cuidado y mal empleado en el guión, aunque sin especiales efectos negativos en el espectador que, una vez más, se fía de la ilusión de creer que ha entendido algo de la mano del personaje de inspector Uhl. El amor, la alta política y sobre todo la curiosidad por lo fantástico, por el otro mundo y por el juego son los elementos clave de la historia. Pero sin lugar a dudas es la sensación lamentable de habernos perdido algo la que convierten a El ilusionista en una interesante interpelación al pensamiento.

Se trata de una película enigmática y encantadora. Enigmática porque quizá no cabe abarcarla del todo con una primera visualización; y encantadora porque –como el tema del que trata- el espectador acaba hechizado por los sofisticados números y las lagunas turbias de la trama, más allá de toda explicación racional y verosímil, aunque la haya.

Anuncios

0 Responses to “El ilusionista”



  1. Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




El toque Lubitsch

Una bitácora para el pensamiento, en general y en concreto, y el análisis y crítica de la ficción cinematográfica y televisiva.

A %d blogueros les gusta esto: