Mia Sarah

La opera prima de Gustavo Ron nos ha llegado con expectación a Pamplona. En especial, porque Gustavo y sus hermanos Álvaro, en la producción y Rodrigo, como intérprete musical salieron de las aulas de la UN, cosa que nos llena de orgullo y porque el director ha querido implicar también en este proyecto serio a otros exalunmos. La película -rara avis en la cartelera navideña- es toda una promesa de éxito de la carrera cinematográfica de este director y guionista novel. Las razones son múltiples.

Mia Sarah conecta con la tradición más convencional e interesante del cine romántico. Apuesta claramente por dar protagonismo a sus personajes, limitando sus diáologos, sin abusar de ellos, aunque reforzando su comicidad en el seno de una trama diferente y sorprendente. En un momento en el que los tópicos aburren, esta sencilla historia de amor es el cuento de una conquista clásica, una fábula despojada de aditivos tóxicos, pacífica y serena. Si bien es cierto que, en el celo por cuidar al extremo todos los aspectos estéticos, roza el artificio sin llegar a molestar. Quizá el pacto de lectura con el espectador esté en aceptar el juego inverosímil –aunque mágico- que propone el filme, al combinar el realismo con el enigma del ambiente de luz tenue y mimado que huele a libros, lluvia y tardes de café.

Sus personajes –nada estridentes- se mueven en un mundo cerrado y controlado, en ocasiones, desde el punto de vista del guión, donde a veces respiran con dificultad. Pero no tanta como para no presentarnos sutilmente los lazos afectivos que les unen y los sueños que van a realizar juntos. Con Fernando Fernán Gómez (Paúl) en primera fila de la interpretación, los jóvenes Verónica Sánchez (Marina), Daniel Guzmán (Gabriel) y Manuel Lozano (Samuel) han encontrado un escenario donde aprender a la luz de un maestro, protegidos de la influencia poco profesional generalizada del panorama de actores nacionales.

Mia Sarah deja buen sabor de boca en el espectador. Sobre todo, se trata de una película agradable en el sentido más estricto de la palabra. Quizá porque estamos poco acostumbrados a no sufrir la violencia de la pantalla en estos tiempos que corren de barbarie audiovisual. Creado para conquistar también a todos los públicos sin lugar a dudas, el filme –en palabras del director- está dedicado a “todos aquellos capaces de superar cualquier obstáculo para conseguir lo que aman”. Los hermanos Ron y su equipo han demostrado que cuentan con esa pasión tan genuina que mueve el mundo, y que devuelve la esperanza sin aires de grandeza pero con una entrañable profundidad.

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