Scoop

Lo más asombroso de Woody Allen es que sus piezas menores harían las delicias de la mayoría de los directores de cine contemporáneos. Ésa es la ventaja de conocer bien el oficio y de contar historias que se entienden (y además entretienen). En su última entrega, Scoop, el cineasta norteamericano consigue divertirnos con su sola presencia en escena. Plagado de diálogos ingeniosos y titubeos entrañables en la interpretación –el santo y seña de Allen- este nuevo filme vuelve con la magia de la intriga y la comedia, en un tono ligero, muy soportable.

Londres sirve de nuevo como escenario “exótico”, cargado de contrastes para una pareja de protagonistas americanos, una joven estudiante de periodismo llamada Sondra Pransky (Scarlett Johansson) y el mago nada urbanita Esplendini (Woody Allen). Aunque la trama gire en torno a la investigación de unos crímenes sin resolver, el interés de la historia se centra sin embargo en una sugerente apuesta por la aventura en las relaciones personales tan descuidadas en estos tiempos. Y aunque bien es cierto que los personajes no están sólidamente construidos, también lo es que, a base de pinceladas acertadas, sufren una transformación muy particular.

Para entender ese cambio hay que considerar el mundo del periodismo, muy presente e idealizado en la película. Allen ofrece una particular visión romántica de esta gran profesión, la de la gente audaz y llena de vida. En el elogio a la audacia -como sal de una vida arriesgada y emocionante- el retrato del periodista intrépido aparece ironizado. Hasta tal punto se trata de una profesión vocacional por hacer justicia, que ni siquiera la muerte es capaz de poner límites a la sagacidad. Y es aquí donde adquiere importancia la caricatura amarga del más allá que hace Allen frente al más acá, donde se actúa de verdad.

Para vivir, hay que arriesgar, sin descanso. Con esa premisa, la aspirante a periodista asume la profesión como un rol que abandona por huir de la complicación y apostar por el amor. Y su “alter ego”, el ilusionista Allen sin embargo recupera una chispa de motivación para asumir riesgos, pese a su reticencia a salir de la comodidad. Lo que no consigue Allen es dar un sentido fuerte a la comedia de la vida, de la que prefiere esconderse entre bambalinas, mientras prepara el próximo número con el que hacer reir al público (y supongo que a si mismo). Y eso es lo que seguirá haciendo para nuestro bien.

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Una bitácora para el pensamiento, en general y en concreto, y el análisis y crítica de la ficción cinematográfica y televisiva.

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