El séptimo sello

La ocasión lo merece. La muerte -uno de los más grandes temas del hombre- ha convivido en el cine casi con la misma naturalidad que en la vida real. Su presencia continua -a veces esquiva y enigmática, otras, implacable- explica la radical importancia de este acontecimiento de la vida. Según la larga tradición representativa, ella es la más lúgubre amiga. Y de ahí que, en el mejor de los casos, haya recibido un tratamiento especial. Sin embargo, envueltas en temor o en cobardía –tan humanos-, muchas historias nos han manifestado la honda preocupación que plantea su existencia: la necesidad de encontrar una respuesta satisfactoria para la muerte. Sin olvidar por ello que su sentido permanece oculto casi siempre, convirtiéndola así en una enemiga a vencer en vano.

En el cine, la muerte también ha actuado como un personaje más dentro de las historias. Así sucede en El séptimo sello, de Ingmar Bergman. El comienzo del filme nos da la clave del relato presentando una premisa única y auténtica. Un caballero –cualquiera de nosotros en los últimos o penúltimos días- desafía a la muerte jugando una partida de ajedrez con Ella, pues sabe de su pericia en el tablero. Esta salida tan extravagante -plagada de conversaciones radicales- no hace sino retardar un encuentro definitivo entre el cruzado, que regresa a su hogar y la muerte, que allí lo espera. Ella quiere llevárselo porque ha llegado su hora. Y sin embargo, el caballero se resiste: quiere ganar tiempo.

Ese tiempo tan preciado no es sino una tregua alegórica. En las postrimerías de la vida –y recordando a Juan de Valdés-, la muerte llama a todos porque parece dominar a todos por igual. Nadie escapa a su poder. Ante eso, el hombre sólo puede afanarse en encontrar La respuesta, aquélla que vence verdaderamente a la muerte. Según el filme de Bergman, de gran y pesemista actualidad filosófica, el caballero ha de enfrentarse a su propia historia, con o sin la esperanza de dar un sentido claro a las zonas más oscuras de su historia. En cualquier caso, la muerte llegará e intentará dar jaque mate, pero ya no le servirá de nada pues el caballero habrá encontrado la paz de su alma; estará presto para disfrutrar en la eternidad con Dios.

Y además no estará solo. En el camino de la búsqueda de sentido, como a él, la muerte nos esperará a todos, con todos nosotros querrá bailar. Bailemos, pues.

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Una bitácora para el pensamiento, en general y en concreto, y el análisis y crítica de la ficción cinematográfica y televisiva.

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