Nueve vidas

El director colombiano, Rodrigo García, nos presenta un extraordinario mosaico de conflictos y sentimientos sobre las vidas de nueve mujeres contemporáneas. Resulta casi imposible clasificar el género al que pertenecen estas nueve historias inolvidables. Pues se aprecia cómo la ficción, en este caso, no ha podido relevar a la vida real, dejando cierto aroma a documental dramatizado en el conjunto del filme. Parece que la raíz antropológica de los conflictos tratados conecta de manera brutal con la vida cotidiana, haciendo que Nueve vidas gane en credibilidad y verosimilitud, pese a la elección de los temas. No obstante, no se puede perder de vista que no se trata de historias reales, sino verdaderas.

En ese sentido, el uso de la técnica en el filme ha servido de gran ayuda, además de que supone un gran salto de creatividad por parte del equipo de realización. Cada “corto” está rodado en 16 mm, en un gran plano secuencia que fomenta un seguimiento visual más natural –y “realista”- de cada microhistoria. Con ello aumenta la sensación de continuidad y de acción presencial a lo largo del filme. Pues el espectador parece formar parte de la situación y vivir -no sin violencia y perplejidad, en algunos casos, y no sin cierto vértigo- las escenas representadas. Ese canto al realismo desde la pura ficción es una baza más para recoger las inquietudes no sólo femeninas sino generales de nuestro siglo. Sin embargo, Nueve vidas no es sólo un retrato cultural. Bien es cierto, que se recogen dramas relacionados con el modo de vivir la maternidad en la actualidad, la conyugalidad o la salud. Pero García remite también a las causas naturales de esos conflictos, haciendo que sea posible verlos con más profundidad y perspectiva.

Los mundos personales de esas nueve mujeres que dan título a cada historia acaba teniendo también su peso específico. Tanto los maridos como los hijos o los padres, madres o círculos de amigos de esas mujeres cobran protagonismo. Cada uno son pieza insustituble en la vida de ellas, tal y como, por ejemplo, se comprueba en las historias de Sandra, Camille o Maggie. En principio no parece haber tampoco una relación específica sino más bien azarosa entre algunas de esas nueve mujeres. Aunque exista interconexión entre varios de los personajes de las nueve historias, es el sentido del misterio de la vida el que da densidad y unidad a todo el conjunto. Jugando con una imagen recogida en el filme, el espectador puede estar seguro de que todos contemplan la misma luna. Nueve vidas es una pieza maestra, muy bien interpretada, aparte para la reflexión, única en su especie.

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