Copying Beethoven

La directora polaca Agnieszka Holland ofrece en este filme los terribles días de Beethoven, antes de morir. Para ello narra la historia del encuentro entre una joven estudiante de composición, Anna Holtz (Diane Kruger), con el gran maestro Beethoven (Ed Harris) en Viena. Aunque mujer, Anna ha sido elegida como el mejor copista por su mentor personal, que la envía junto al editor de Beethoven. Aunque contrariado, Beethoven acepta la ayuda de Anna, que demuestra tener un gran talento para un “oficio de hombres”. Aquejado por su sordera, el maestro se ve impedido para dirigir su Novena Sinfonía en solitario. Así que será Anna la que “le dirija” –siendo sus oidos- durante el estreno ante el archiduque y otras grandes personalidades del momento.

No obstante, este feliz encuentro no culmina con el éxito de la Novena de Beethoven, interpretada y rodada de manera magistral –en especial, en su conocido último movimiento. Sino que resulta ser un preámbulo o clímax adelantado en la película (al menos, según lo que cabe esperar desde el punto de vista del guión). El relato se concentra finalmente en la adopción de Anna como discípula aventajada de Ludwig. El contraste entre la zafiedad y grosería del maestro frente a la delicadeza de la discípula construye una relación única y genuina. Ambos creen en Dios y le confían –así como le ofrecen- su talento musical a veces con torpeza, y engreimiento, otras, con absoluta humildad. Pero a la vez esa plena confianza genera grandes contradicciones en Beethoven y también en Anna. El maestro se siente, en ocasiones, atrapado por un don que, paradójicamente, no puede disfrutar por su sordera. Y Anna descubre cómo su vocación para la música necesita de un gran esfuerzo y una dedicación constante para dar verdadero fruto.

A la sombra de esta preciosa historia, se encuentran los desaprovechados Martin y Karl. El primero es el pretendiente de Anna, pero su perfil matemático hará que su relación se malogre en un sutil olvido cinematográfico. El personaje de Karl pretende dar vida al sobrino real de Beethoven, muy querido por él, según las fuentes históricas. En el filme, sin embargo, aunque se intenta mostrar esa devoción del tio por el sobrino, se abandona su participación en la historia sin razones muy claras. Todo ello apunta a no descuidar en exceso a Anna, protagonista declarada de la mayor parte del filme.

Finalmente –y aunque su retrato es grosero- Beethoven acaba moviendo a la compasión. Gracias a Anna consigue salir de un egoista ensimismamiento para “dar luz” a la joven promesa, que, además de cuidarle con primor en sus últimos días, guardará en su memoria y obra el recuerdo fecundo del músico y amigo de Dios.

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