El diablo se viste de Prada

Esta sugerente propuesta de David Frankel nos introduce en el atractivo y distante mundo de la moda. Lo hace de la mano de la veterana Meryl Streep, en el papel de Miranda Priestly, y de la joven Anne Hathaway, como Andy Sachs, ambas ofreciendo una estupenda interpretación. La historia que nos cuenta es el sueño de una joven periodista dispuesta a conseguir un buen trabajo para abrirse camino en la jungla del periodismo. Andy es un chica que no ha prestado excesivo interés a su imagen. Y sin embargo, ha cultivado con esmero y seriedad su vocación para la escritura. Como por azar, consigue un trabajo como ayudante en la revista de moda más prestigiosa del momento, Runway. Este trabajo no cumple en absoluto con las expectativas de la joven, que sueña con ser una gran articulista. Y de hecho su llegada a la revista conmociona su vida personal.

Andy se ve imbuida en un mundo construido en torno a la pasión por las grandes firmas, el glamour, los cánones de belleza, el éxito laboral y las prisas de la endiablada eficacia. Este acercamiento al terreno de la frivolidad estética le presenta un conflicto profundo en su vida. Y Andy decide desarrollar los resortes necesarios para “encajar” y triunfar en el arrollador desempeño de su trabajo. El mundo de la moda se convierte en un reto constante que, en ocasiones, la hace perder la dignidad y sucumbir ante los encantos de los tules, los terciopelos, la tallas mínimas y los desfiles entre gente “chic”. Tras su jefa, Miranda, la joven Andy descubre a una despiadada mujer que ha puesto su alma al servicio de las tendencias sacrificando –no sin dolor- la estabilidad de su vida personal. Andy empieza a “saborear” también estos riesgos del éxito. Por el camino, sufre una transformación llamativa hasta que, horrorizada, siente que es incapaz de reconocerse en un espejo. Y se replantea el peso y valor de ser auténtico y vivir rodeado de amigos, frente a representar un papel luminoso con una careta de plástico y estar literalmente solo, como Miranda.

Además de divertida, bien rodada y ágil, la película plantea un tema de máxima actualidad en nuestros días, sin condenar a los actores de la vanidad. El binomio Miranda-Andy funciona porque ambos personajes aprenden el uno del otro. En ese sentido, la historia apunta los síntomas de perdición y las posibles soluciones (con los riesgos que conllevan). El filme tiene suficiente entraña como alertarnos ante el brillo de las lentejuelas…

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Una bitácora para el pensamiento, en general y en concreto, y el análisis y crítica de la ficción cinematográfica y televisiva.

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